Capítulo 22: La Funcion - Page 5 of 10

La música cesó, se fueron los hombres, volvieron poco ápoco las mujeres y empezó entre ellas un diálogo del que nadacomprendieron nuestros amigos. Estaban hablando mal de unaausente.

—Parecen los macanistas de la pansitería! observó Pecsonen voz baja.

— Y el cancan? preguntó Makaraig.

—Están discutiendo el sitio más apróposito para bailarlo!repuso gravemente Sandoval.

— Parecen los macanistas de la pansitería! repitió Pecsondisgustado.

Una señora, acompañada de su marido, entraba en aquelmomento y ocupaba uno de los dos palcos vacíos. Tenía el airede una reina y miraba con desden á toda la sala corno si dijese:

¡He llegado más tarde que todas vosotras, monton de cursis yprovincianas, he llegado más tarde que vosotras! » En efectopersonas hay que van á los teatros como los burros en unacarrera: gana el que llega el último. Hombres muy sensatosconocerbos que primero subían al patíbulo que entraban en elteatro antes del primer acto. Pero el gozo de la dama fué decorta duracion; había visto el otro palco que continuaba vacío ;frunció las cejas, y se puso á reñir á su cara mitad armandotal escándalo que muchos se impacientaron.

—Sstl sst!

—Los estúpidos ! como si entendieran el francés! dijola dama mirando con soberano desprecio á todas partes y fijándose en el palco de Juanito de donde creyó oir partir unimprudente sst.

Juanito en efecto era culpable; desde el principio se lasechaba de entender todo y se daba aires, sonriendo, riendo yaplaudiendo á tiempo como si nada de lo que decian se le esca-pase. Y eso que no se guiaba de la mímica de los artistasporque miraba apenas hacia la escena. El truhan decía muyintencionadamente á Paulita, que, habiendo mujeres muchísimomás hermosas, no quería cansarse mirando á lo lejos...Paulita se ruborecía, se cubría la cara con el abanico ymiraba de hurtadillas hacía donde estaba Isagani, que sinreirse ni aplaudir presenciaba distraido el espectáculo.

Paulita sintió despecho y celos; ¿se enamoraría Isagani deaquellas provocadoras actrices? Este pensamiento- la puso de mal humor y apenas oyó las alabanzas que doña Victorinaprodigaba á su favorito.

Juanito desempeñaba bien su papel : á veces movía la cabezaen señal de disgusto y entonces se oian toses, murmullos enalgunas partes ; á veces sonreía, aprobaba y un segundodespues resonaban aplausos. Doña Victorina estaba encantaday hasta concibió vagos deseos de casarse con el joven el día quedon Tiburcio se muriera. Juanito sabía francés y de Espadañano! Y empezó á hacerle zalamerías! Pero Juanito no seapercibía del cambio de táctica, atento como estaba en observará un comerciante catalan que estaba junto al consul suizo :Juanito que los había visto hablando en francés, se inspirabaen sus fisonomías y daba soberanamente el pego.

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matigás pa sa kulíg