Capítulo 11: Los Baños - Page 8 of 12

—Pero ¡ qué cosas tiene usted, don Custodio!

—¡Vaya un proyecto que tiene gracia!

—Este les pone á todos la pata!

—Pero, señores, gritaba don Custodio al oir tantas excla-maciones; seamos prácticos, qué local hay más apropósito quelas galleras? Son grandes, estan bien construidas, y malditopara lo que sirven durante la semana. Hasta desde un puntode vista moral, mi proyecto es muy aceptable : serviría comouna especie de purificacion y expiacion semanal del templodel juego, digámoslo así.

—Pero es que á veces hay juego de gallos durante la semana,observó el P. Camorra, y no es justo que pagando los contra-tistas de las galleras al gobierno...

—¡Vaya! por esos dias se cierra la escuela!

—Hombre, hombre! dijo el Cpn. General escandalizado;tal horror no sucederá mientras yo gobierne! Que se cierren lasescuelas porque se juega! Hombre, hombre, hombre! primeropresento la dimision!

Y S. E. estaba verdaderamente escandalizado.

—Pero, mi General, vale más que se cierren por algunosdias que no por meses.

—Eso sería inmoral ! añadió el P. Irene más indignado toda-vía que su Excelencia.

—Más inmoral es que los vicios tengan buenos edificios ylas letras ninguno... Seamos prácticos, señores, y no nosdejemos llevar de sentimentalismos. En política no hay cosapeor como el sentimentalismo. Mientras por respetos humanosprohibimos el cultivo del opio en nuestras colonias, toleramosque en ellas se fume, resulta que no combatimos el vicio peronos empobrecemos...

—Pero observe usted que eso le produce al gobierno sintrabajo ninguno, más de cuatrocientos cincuenta mil pesos,repuso el P. Irene que se hacía más y más gubernamental...

—¡Basta, basta, señores! dijo S. E. cortando la discusion :yo tengo mis proyectos sobre el particular y dedico mi parti-cular atencion al ramo de instruccion pública. ¿Hay algo más?

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may puyó sa talampakan