Capítulo 11: Los Baños - Page 11 of 12

— Pero los indios no deben saber castellano, sabe usted?gritó el P. Camorra; no deben saber porque luego se meten ádiscutir con nosotros, y los indios no deben discutir sino obe-decer y pagar... no deben meterse á interpretar lo que dicenlas leyes ni los libros, ¡son tan sutiles y picapleitos! Tan pronto como saben el castellano se hacen enemigos de Dios y deEspaña... lea usted sino el tandang Basio Macunat; ese sí quees un libro ! Tiene verdades como esto!

Y enseñaba sus redondos puños.

El P. Sibyla se pasó la mano por la corona en señal deimpaciencia.

—Una palabra! dijo adoptando el tono más conciliador enmedio de su irritacion; aqui no se trata solamente de la ense-ñanza del castellano, aquí hay una lucha sorda entre los estu-diantes y la Universidad de Sto Tomás; si los estudiantes sesalen con la suya, nuestro prestigio queda por los suelos, diránque nos han vencido y exultarán y ¡adios fuerza moral, adiostodo! Roto el primer dique ¿quién contiene á esa juventud?Con nuestra caida no haremos más que anunciar la de ustedes!Despues de nosotros el gobierno.

—¡Puñales, eso no! gritó el P. Camorra ; veremos antesquien tiene más puños!

Entonces habló el P. Fernandez que durante la discusionsolo se había contentado con sonreir. Todos se pusieron atentosporque sabían que era una buena cabeza.

—No me quiera usted mal, P. Sibyla, si difiero de su manerade ver el asunto, pero es raro destino el mío de estar casisiempre en contradiccion con mis hermanos. Digo pues queno debemos ser tan pesimistas. La enseñanza del castellanose puede conceder, sin peligro ninguno y para que no apa-rezca como una derrota de la Universidad, debíamos losdominicos hacer un esfuerzo y ser los primeros en celebrarla:allí está la política. ¿Para qué vamos á estar en contínuatirantez con el pueblo, si despues de todo somos los pocos yellos los más, si nosotros necesitamos de ellos y no ellos de no-sotros? — Espere usted, P. Camorra, espere usted! — Pase quepor ahora el pueblo sea debil y no tenga tantos conocimientos,yo tambien lo creo así, pero no será mañana, ni pasado. Mañanaó pasado serzín .los más fuertes, sabrán lo que les convendráy no lo podemos impedir, como no se puede impedir que losniños, llegados á cierta edad, sz enteren de muchas cosas...Digo pues, por qué no aprovechamos este estado de ignoran.cia para cambiar por completo de política, para fundarlasobre una base sólida, imperecedera, la justicia por ejemploen vez de la base ignorancia ? Porque no hay como ser justos, esto se lo he dicho siempre á mis hermanos y no me quierencreer. El indio, como todo pueblo joven, es idólatra de lajusticia; pide el castigo cuando ha faltado, así como le exas-pera cuando no lo ha merecido. ¿Es justo lo que desean ? puesá concederlo, démosles todas las escuelas que quieran, ya secansarán: la juventud es holgazana y lo que la pone en activi-dad es nuestra oposicion. Nuestro lazo prestigio, P. Sibyla,está ya muy gastado, preparemos otro, el lazo gratitud porejemplo. No seamos tontos, hagamos lo que los cucos jesuitas...

—¡Oh, oh, P. Fernandez !

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waláng bibíg