Capítulo 11: Los Baños - Page 3 of 12

—¿Quiere usted ocupar el puesto del P. Camorra, señorSimbad? preguntó el P. Irene; usted pondrá brillantes en lugarde fichas.

—No tengo ningun inconveniente, contestó Simoun acer-cándose y sacudiendo la tiza que manchaba sus manos; yustedes, qué ponen?

—Qué vamos á poner? contestó el P. Sibyla. El Generalpondrá lo que guste, pero nosotros, religiosos, sacerdotes...

—Bah ! interrumpió Simoun con ironía; usted y el P. Irenepagarán con actos de caridad, oraciones, virtudes, eh?

—Sabe usted que las virtudes que uno pueda tener, arguyógravemente el P. Sibyla, no son como los brillantes que puedenpasar de mano en mano, venderse y revenderse... residen enel ser, son accidentes inherentes en el sujeto...

— Me contento entonces con que ustedes me paguen deboquilla, replicó alegremente Simoun ; usted, P. Sibyla, enen vez de darme cinco tantos me dirá, por ejemplo: renunciopor cinco días á la pobreza, á la humildad, á la obediencia...usted; P. Irene: renuncio á la castidad, á la largueza etc. Yaven que es poca cosa y yo doy mis brillantes!

—¡Qué hombre más singular es este Simoun, qué ocurren-cias tiene! dijo el P. Irene riendo.

Y éste continuo Simoun tocando familiarmente en elhombro á Su Excelencia, éste me pagará cinco tantos, un valepor cinco dias de caree]; un solo, cinco meses; un codillo,orden de deportacion en blanco; una bola.. digamos unaejecucion espedita por la Guardia Civil mientras se le conduceá mi hombre de un pueblo á otro etc.

El envite era raro. Los tres paseantes se acercaron.

—Pero, señor Simoun, preguntó el alto empleado, qué sacausted con ganar virtudes de boquilla, y vidas y destierros yejecuciones espeditas?

-- ¡Pues mucho! Estoy cansado de oir hablar de virtudes yquisiera tenerlas todas, todas las que hay en el mundo ence-rradas en un saco para arrojarlas al mar, aun cuando tuvieraque servirme de todos mis brillantes como de lastre..

—¡Vaya un capricho! exclamó el P. Irene riendo; ¿y delos destierros y ejecuciones espeditas?

—Pues, para limpiar el pais y destruir toda semilla mala..

—Vamos! todavía está usted furioso con los tulisanes ycuidado que bien podían haberle exigido un rescate mayor óquedarse con todas sus alhajas. Hombre, no sea usted ingrato!

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labì ng hukay