Capítulo 63: La Nochebuena - Page 3 of 7

Es la Nochebuena, y sin embargo el pueblo está triste. Ni un farol de papel cuelga de las ventanas, ningún ruido en las casas anuncia regocijo como otros años.

En el entresuelo de la casa de Capitán Basilio, hablan al lado de una reja éste y D. Filipo (la desgracia del último los había hecho amigos), mientras que en la otra miran hacia la calle Sinang, su prima Victoria y la bella Iday.

La luna, menguante, empezaba a brillar en el horizonte y doraba nubes, árboles y casas, proyectando largas y fantásticas sombras.

- ¡No es poca fortuna la vuestra, salir absuelto en estos tiempos! –decía Capitán Basilio a D. Filipo-; os han quemado vuestros libros, sí, pero otros han perdido más.

Una mujer se acercó a la reja y miró hacia el interior. Sus ojos eran brillantes, sus facciones demacradas, su cabellera suelta y desgreñada: la luna le daba un aspecto singular.

- ¡Sisa! –exclamó sorprendido D. Filipo, y volviéndose a Capitán Basilio mientras la loca se alejaba:

- ¿No estaba en casa de un médico? –preguntó-, ¿se ha curado ya?,.

Capitán Basilio se sonrió amargamente.

- El médico tuvo miedo de que acusasen como amigo de D. Crisóstomo y la despidió de su casa. Ahora vaga otra vez tan loca como siempre, canta, es inofensiva y vive en el bosque...

- ¿Qué cosas más han sucedido en el pueblo desde que lo dejamos?. Sé que tenemos cura nuevo y nuevo alférez...

- ¡Terribles tiempos, la Humanidad retrocede! –murmura Capitán Basilio pensando en el pasado-. Veréis, al día siguiente de vuestra marcha encontraron muerto al sacristán mayor, colgado del zaquizamí de su casa. El P. Salví sintió mucho su muerte y se apoderó de todos sus papeles. ¡Ah!, el filósofo Tasio murió también y fue enterrado en el cementerio de los chinos.

- ¡Pobre D. Anastasio! –suspiró D. Filipo-, y ¿sus libros?.

- Fueron quemados por los piadosos, que así creían agradar a Dios. Nada pude salvar, ni los libros de Cicerón... el Gobernadorcillo no hizo nada para impedirlo.

Ambos guardaron silencio.

En aquel momento se oía el canto triste y melancólico de la loca.

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ahas-bahay