Capítulo 63: La Nochebuena - Page 2 of 7

- ¡No importa, señor!. Mi madre y mi hermanito deben estar muy tristes; todos los años pasamos juntos esta fiesta... el año pasado comimos un pescado entre nosotros tres... madre habrá estado llorando buscándome.

- ¡No llegarás vivo al pueblo, muchacho!. Esta noche tenemos gallina y tapa de jabalí. Mis hijos te buscarán cuando vengan del campo...

- Tenéis muchos hijos, y mi madre no tiene más que a nosotros dos; ¡acaso me cree ya muerto!. Esta noche quiero darle una alegría, un aguinaldo... ¡un hijo!.

El anciano sintió humedecerse sus ojos, puso la mano sobre la cabeza del niño y le dijo conmovido:

- ¡Pareces un viejo!. ¡Anda, vete, busca a tu madre, dale el aguinaldo... de Dios. ¡Como dices!; si hubiese sabido el nombre de tu pueblo, habría ido allá cuando estabas malo. Anda, hijo mío, que Dios y el Señor Jesús te acompañen. Lucía, mi nieta, irá contigo hasta el próximo pueblo.

- ¿Cómo?, ¿te vas? –le pregunta el niño-. Allá abajo hay soldados, hay muchos ladrones. ¿No quieres ver mis reventadotes?. ¡Pum purumpum!.

- ¿No quieres jugar gallina ciega con escondite? –preguntaba la niña-, ¿te has escondido alguna vez?. ¿Verdad, no hay cosa más agradable que ser perseguido y esconderse?.

Basilio se sonrió; cogió su bastón y con lágrimas en los ojos:

- Volveré pronto; traeré a mi hermanito, lo veréis y jugaréis con él; es tan grande como tú.

- ¿Anda también cojeando? –preguntó la niña-: entonces le haremos madre en el pico-pico.

- No te olvides de nosotros –le decía el anciano-; llévate esta tapa de jabalí y dásela a tu madre.

Los niños le acompañaron hasta el puente de caña, colocado sobre el torrente de alborotado curso.

Lucía le hizo apoyarse sobre su brazo y desaparecieron de la vista de los niños.

Basilio marchaba ligero a pesar de su pierna vendada.

. . . . . . . .

El viento del Norte silba y los habitantes de S. Diego tiritan de frío.

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kumagát sa pain