Capítulo 59: Patria E Intereses - Page 6 of 8

- ¡Vamos, no llorar!. Inveni remedium, encontré el remedio. Transportémosle a la cama; ¡vamos!, ¡valor!, que aquí estoy con vosotras y toda la sabiduría de los antiguos... Que llamen a un doctor; y ahora mismo, prima, vas al Capitán General y le llevas un regalo, una cadena de oro, un anillo... Dadivae quebrantant peñas; [21] dices que es el regalo de Pascua. Cerrad las ventanas, las puertas, y a cualquiera que pregunte por mi primo que se le diga que está gravemente enfermo. Entretanto quemo todas las cartas, papeles y libros para que no puedan encontrar nada, como ha hecho D. Crisóstomo. ¡Scripti testes sunt!. Quid medicamenta non sanant, ferrum sanat; quid ferrum non sanat, ignis sanat (Lo escrito testifica. Lo que no curan los medicamentos lo cura el hierro, lo que no cura el hierro lo cura el fuego).

- ¡Sí, toma primo; quémalo todo! –dice Capitana Tinchang- ¡aquí están las llaves, aquí las cartas de Capitán Tiago, quémalas!. Que no quede ningún periódico de Europa, que son muy peligrosos. Aquí están estos The Times que yo conservaba para envolver jabones y ropas. Aquí están los libros.

- Vete al Capitán General, prima –dice D. Primitivo-, déjame solo. In extremis extrema. [22] Dame el poder de un director romano y verás como salvo la pat... digo, al primo.

Y empezó a dar órdenes y más órdenes, a revolver estantes, rasgar papeles, libros, cartas, etc. Pronto ardió una hoguera en la cocina; partieron con hacha, viejas escopetas; arrojaron al excusado herrumbrosos revólveres; la criada que quería conservar el cañón de uno para soplador, recibió un réspice.

- Conservare etiam speratis, perfida?. [23] ¡Al fuego!.

Y continuó su auto de fe.

Vio un viejo tomo en pergamino y leyó el título:

- Revoluciones de los globos celestes por Copérnico, ¡pfui! Ite, maledicti, ine ignem kalanis [24] –exclamó arrojándolo a la llama-. ¡Revoluciones y Copérnico!. ¡Crimen sobre crimen!. Si no llego a tiempo... La Libertad en Filipinas. ¡Tatatá!, ¡qué libros!. ¡Al fuego!.

Y se quemaron libros inocentes, escritos por autores simples. Ni el mismo Capitán Juan, obrita cándida, consiguió librarse. Primo Primitivo tenía razón: los justos pagan por pecadores.

Cuatro o cinco horas más tarde, en una tertulia de pretensiones en Intramuros se comentaba los acontecimientos del día. Eran muchas viejas y solteronas casaderas, mujeres o hijas de empleados, vestidos de bata, abanicándose y bostezando. Entre los hombres que, al igual que las mujeres, delataban en sus facciones su instrucción y origen, había un señor de edad, pequeñito y manco, a quien trataban con mucha consideración y que guardaba con respecto a los demás un desdeñoso silencio.

[21] Otra de latín macarrónico tan obvia que Rizal ni se preocupa en traducir, del refrán español 'dádivas quebrantan peñas' hecho famoso por El Quijote de Cervantes.

[22] Traducción un poco libre: A grandes males grandes remedios.

[23] ¿Todavía esperabas conservarlo, pérfida?.

[24] Macarronismo, parafraseando una frase del evangelio, 'id, malditos, al fuego del kalán (fogón portátil de barro cocido.)'

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kalám ng tiyán