Capítulo 57: ¡Vae Victis! - Page 7 of 8

Todos se miraron en silencio, pálidos y consternados. El alférez hizo una seña para que le descolgasen y se alejó pensativo; Dª. Consolación le aplicó varias veces a las desnudas piernas el botón de fuego de su cigarro, pero el cuerpo no se estremeció y se apagó el fuego.

- ¡Se ha asfixiado a sí mismo! –murmuró un cuadrillero-; mirad cómo se ha vuelto la lengua como queriéndosela tragar.

El otro preso contemplaba la escena temblando y sudando: miraba como un loco a todas partes.

El alférez encargó al directorcillo que le interrogase.

- ¡Señor, señor! –gemía- ¡diré todo lo que vosotros queráis!.

- ¡Bueno, vamos a ver: ¿cómo te llamas?.

- ¡Andog, señor!.

- ¿Bernardo... Leonardo... Ricardo... Eduardo... Gerardo... o qué?. [5]

- ¡Andog, señor! –repitió el imbécil.

- ¡Póngale Ud. Bernardo o lo que sea! –decidió el alférez.

- ¿Apellido?.

El hombre le miró espantado.

- ¿Qué nombre tienes, qué te añaden al nombre... Andog?

- ¡Ah, señor!. ¡Andog Medio-tonto señor!.

Los circundantes no pudieron contener la risa; el mismo alférez detuvo su paseo.

- ¿Oficio?.

- Podador de cocos, señor, y criado de mi suegra.

[5] En la manera de aplicar apodos de Filipinas, se puede llamar Andog a cualquiera con uno de esos nombres.

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kapilas ng kaniláng buhay