Capítulo 57: ¡Vae Victis! - Page 5 of 8

Dª. Consolación se levantó entonces y murmuró al oído del marido algunas palabras. Este movió la cabeza en señal de inteligencia.

- ¡Al pozo con él! –dijo.

Los filipinos saben lo que esto quiere decir; en tagalo lo traducen por timbaín. [4] No sabemos quien habrá sido el que ha inventado este procedimiento, pero juzgamos que debe ser bastante antiguo. La Verdad saliendo de un pozo, sea quizás una sarcástica interpretación.

En medio del patio del tribunal se levanta el pintoresco brocal de un pozo, hecho groseramente de piedras vivas. Un rústico aparato de caña, en forma de palanca, sirve para sacar agua, viscosa, sucia y de mal olor. Cacharros rotos, basura y otros líquidos se reunían allí, pues aquel pozo era como la cárcel; allí para cuanto la sociedad desecha o da por inútil; objeto que dentro caiga, por bueno que hubiese sido, ya es cosa perdida. Sin embargo, no se cegaba jamás: a veces se los condena a los presos a ahondarlo y profundizarlo, no porque se pensase sacar de aquel castigo una utilidad, sino por las dificultades que el trabajo ofrecía: preso que allí una vez ha descendido, cogía una fiebre de la que moría regularmente.

Társilo contemplaba todos los preparativos de los soldados con mirada fija; estaba pálido y sus labios temblaban o murmuraban una oración. La altivez de su desesperación parecía haberse desaparecido o, cuando menos, debilitado. Varias veces dobló el erguido cuello, fijó la vista en el suelo resignado a sufrir.

Lleváronle al lado del brocal, seguido de Dª. Consolación que sonreía. Una mirada de envidia lanzó el desventurado hacia el montón de cadáveres y un suspiro se escapó de su pecho.

- ¡Habla ya! –volvió a decirle el directorcillo-; de todos modos te ahorcarán; al menos muere sin haber sufrido tanto.

- De aquí saldrás para morir –le dijo un cuadrillero.

Le quitaron la mordaza y le colgaron de los pies. Debía descender de cabeza y permanecer algún tiempo debajo del agua, lo mismo que hacen con el cubo, sólo que al hombre le dejan más tiempo.

El alférez se alejó para buscar un reloj y contar los minutos.

Entre tanto Társilo pendía, la larga cabellera ondeaba al aire, los ojos medio cerrados.

- Si sois cristianos, si tenéis corazón –suplicó en voz baja-, bajadme con rapidez o haced de modo que mi cabeza choque contra la pared y me muera. Dios os premiará esta buena obra... ¡quizás un día os veáis como yo!.

El alférez volvió y presidió el descenso, reloj en mano.

- ¡Despacio, despacio! –gritaba Dª. Consolación siguiendo al infeliz con la vista-, ¡cuidado!.

[4] Del tagalog 'timbá,' balde, sacar agua del pozo.

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sumakabiláng-buhay