Capítulo 57: ¡Vae Victis! - Page 3 of 8

- Os equivocáis; matásteis a nuestro padre a palos, le vengamos y nada más. Buscad a vuestros dos compañeros.

El alférez mira al sargento sorprendido.

- Allá están en un despeñadero, allá los arrojamos ayer, allá se pudrirán. Ahora matadme: no sabréis nada más.

Silencio y sorpresa general.

- Nos vas a decir quiénes son tus cómplices –amenazó el alférez blandiendo un bejuco.

Una sonrisa de desprecio se asomó en los labios del reo.

El alférez conferenció algunos instantes, en voz baja, con el Cura, y volviéndose a los soldados:

- ¡Conducidle a donde están los cadáveres! –ordenó.

En un rincón del patio, sobre un carretón viejo están amontonados cinco cadáveres, medio cubiertos por un pedazo de estepa rota, llena de porquerías. Un soldado se pasea de un extremo a otro escupiendo a cada instante.

- ¿Los conoces? –preguntó el alférez levantando la estera.

Társilo no respondió; vio el cadáver del marido de la loca con otros dos, el de su hermano, acribillado a bayonetazos y el de Lucas aún con la soga al cuello. Su mirada se volvió sombría y un suspiro pareció escaparse de su pecho.

- ¿Los conoces? –le volvieron a preguntar.

Társilo permaneció mudo.

Un silbido rasgó el aire y el bejuco azotó sus espaldas. Estremecióse, sus músculos se contrajeron. Los bejucazos se repitieron, pero Társilo siguió impasible.

- ¡Qué le den de palos hasta que reviente o declare! –gritó el alférez exasperado.

- ¡Habla ya! –le dice el directorcillo; de todos modos te matan.

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kumákain sa íisáng pinggán