Capítulo 42: Los Esposos De Espadaña - Page 7 of 7

- ¿De Espadaña? –dice Dª. Victorina terminando el almuerzo- ¿vamos a ver a Clarita?. Y a Capitán Tiago: ¡Por Ud. sólo, D. Santiago, por Ud. sólo!. Mi marido no cura más que a las personas de categoría, ¡y aún, aún!. Mi marido no es como los de aquí... en Madrid no visitaba más que a los personajes de categoría.

Pasaron al cuarto de la enferma.

La habitación estaba casi a oscuras, las ventanas cerradas por miedo a la corriente de aire, y la poca luz que la iluminaba partía de dos cirios que ardían delante de la imagen de la Virgen de Antipolo.

Ceñida la cabeza con un pañuelo empapado en agua de Colonia, envuelto cuidadosamente el cuerpo en blancas sábanas de abundantes pliegues, que velaban sus formas virginales, yacía la joven en su catre de kamagon [11] entre cortinajes de jusi y piña. Sus cabellos, formando un marco alrededor de su ovalado semblante, aumentaban aquella transparente palidez, animada únicamente por sus grandes ojos, llenos de tristeza. A su lado estaban las dos amigas y Andeng con un ramo de azucenas.

De Espadaña tomole el pulso, examinó la lengua, hizo unas cuantas preguntas, y dijo moviendo la cabeza a un lado y otro:

- ¡E... está enferma, pero se puede curar!.

Dª. Victorina miró con orgullo a los circundantes.

- ¡Líquen con leche por la mañana, jarabe de altea, dos píldoras de cinoglosa! –ordenó De Espadaña.

- Cobra ánimo, Clarita –decía Dª. Victorina acercándose-; hemos venido para curarte... ¡Te voy a presentar a nuestro primo!.

Linares estaba absorto, contemplando aquellos elocuentes ojos que parecían buscar a alguien, y no oyó a Dª. Victorina que le llamaba.

- Señor Linares –díjole el cura arrancándole de su éxtasis-, aquí viene el P. Dámaso.

En efecto, venía el P. Dámaso, pálido y algo triste; al dejar la cama, su primera visita fue para María Clara. No era ya el P. Dámaso de antes, tan robusto y decidor; ahora marcha silencioso y algo vacilante.

[11] Arbol mediano de la familia del ébano. Tiene una madera interesante, negra a grandes vetas amarillentas, es muy dura y es apreciada para hacer muebles.

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waláng ulo