Capítulo 37: Su Excelencia - Page 7 of 7

Ibarra fue casi corriendo en busca de María Clara: tenía tantas cosas que decirle y contarle. Oyó alegres voces en una de las habitaciones y llamó ligeramente a la puerta.

- ¿Quién llama? –pregunta María Clara.

- ¡Yo!.

Las voces callaron y la puerta... no se abrió.

- Soy yo, ¿puedo entrar? –pregunta el joven cuyo corazón latía violentamente.

El silencio continuó. Segundos después unos ligeros pasos se acercaron a la puerta y la alegre voz de Sinang murmuró al través del agujero de la cerradura:

- Crisóstomo, vamos al teatro esta noche; escribe lo que tengas que decirle a María Clara.

Y los pasos volvieron a alejarse, rápidos como vinieron.

- ¿Qué quiere esto decir? –murmuraba Ibarra pensativo, alejándose lentamente de la puerta.

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masamâ ang loób