Capítulo 37: Su Excelencia - Page 6 of 7

- ¡Donde han muerto, diría Ud. más exactamente!. Créame, acaso conozca su país mejor que Ud. mismo... ¡Ah!, ahora me acuerdo –exclamó cambiando de tono-, Ud. se casa con una adorable joven, y le estoy deteniendo aquí!. Vaya Ud., vaya Ud. al lado de ella y para mayor libertad envíeme al padre –añadió sonriendo-. No se olvide Ud. sin embargo, de que quiero que me acompañe a paseo.

Ibarra saludó y se alejó.

S.E. llamó a su ayudante.

- ¡Estoy contento! –dijo dándole ligeras palmadas en el hombre-; hoy he visto por primera vez cómo se puede ser buen español sin dejar de ser buen filipino y amar a su país; hoy les he demostrado al fin a las reverencias que no todos somos juguetes suyos: ¡este joven me ha proporcionado la ocasión y pronto habré saldado todas mis cuentas con el fraile!. Lástima que ese joven algún día u otro... pero ¡llámame al Alcalde!.

Este se presentó inmediatamente.

- Señor Alcalde –le dijo al entrar-, para evitar que se repitan escenas, como las que V.S. esta siesta ha presenciado, escenas que deploro porque desprestigian al Gobierno y a los españoles todos, me permito recomendarle eficazmente al señor Ibarra, para que no sólo le facilite los medios de llevar a cabo sus patrióticos fines, sino también evite que en adelante le molesten personas de cualquier clase que fueren y bajo cualquier pretexto.

El Alcalde comprendió la reprimenda y se inclinó para ocultar su turbación.

- Haga V.S. decir lo mismo al alférez que aquí manda la sección, y averigüe si es verdad que este señor tiene ocurrencias propias, que no dicen los reglamentos: he oído sobre esto más de una queja.

Capitán Tiago se presentó tieso y planchado.

- D. Santiago –le dijo S.E. en tono afectuoso-, hace poco le felicitaba a Ud. por la dicha de tener una hija como la Señorita de los Santos; ahora le felicito por su futuro yerno: la más virtuosa de las hijas es digna seguramente del mejor ciudadano de Filipinas. ¿Se puede saber cuándo es la boda?.

- ¡Señor...! –balbucea Capitán Tiago y se limpia el sudor que corría por su frente.

- ¡Vamos, veo que aún no hay nada definitivo!. Si faltan padrinos, tendré sumo gusto en ser uno de ellos. Es para quitar el mal gusto que me han dejado tantas bodas como hasta aquí he apadrinado! –añadió dirigiéndose al Alcalde.

- ¡Sí, señor! –contestó Capitán Tiago con una sonrisa que inspiraba compasión.

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lamáng-tiyán