Capítulo 23: Un Cadaver - Page 5 of 5

— Esta tarde, á las seis; ahora debe estar...

—No es verdad! rugió limoun pálido y desencajado, no es verdad! María Clara vive, María Clara tiene que vivir! Es unpretesto cobarde... no se ha muerto, y esta noche la he delibertar ó mañana muere usted!

Basilio se encogió de hombros.

— Hacía dias que se puso mala y yo iba al convento paratener noticias. Mire usted, aquí esta la carta del P Salví quetrajo el P. Irene. Capitan Tiago estuvo llorando toda la noche,besando y pidiendo perdon al retrato de su hija hasta que con-cluyó por fumarse una enorme cantidad 'de opio... Esta tardehan tocado sus agonías.

— Ah! esclamó Simoun, y cogiéndose la cabeza con ambasmanos se quedó inmovil.

Se acordaba de haber oido en efecto el toque de agoníasmientras rondaba en los alrededores del convento.

— Muerta! murmuró en voz tan baja como si hablase unasombra, muerta! muerta sin haberla visto, muerta sin saberque vivía por ella, muerta sufriendo...

Y sintiendo que una tempestad horrible, una tempestad detorbellinos y truenos sin gota de lluvia, sollozos sin lágrimas,gritos sin palabras, rugía en su pecho é iba á desbordarsecomo lava candente largo tiempo comprimida, salió precipita-damente del cuarto. Basilio le oyó bajar las escaleras con pasodesigual, atropellado; oyó un grito ahogado, grito que parecíaanunciar la llegada de la muerte, profundo, supremo, lúgubre,tanto que el joven se levantó de su silla, pálido y tembloroso,pero oyó los pasos que se perdian y la puerta de la calle quese cerraba con estrépito.

— Pobre señor! murmuró, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Y sin acordarse de estudiar, con la mirada vaga en el espacioestuvo pensando en la suerte de aquellos dos séres, el uno joven,rico, ilustrado, libre, dueño de sus destinos, con un brillanteporvenir en lontananza, y ella, hermosa como un ensueño,pura, llena de ré y de inocencia, mecida entre amores y son-risas, destinada á una existencia feliz, á ser adorada en familiay respetada en el mundo, y sin embargo, de aquellos dos séresllenos de amor, de ilusiones y esperanzas, por un destino fatalél vagaba por el mundo arrastrado sin cesar por un torbellinode sangre y lágrimas, sembrando el mal en vez de hacer el bien,abatiendo la virtud, y fomentando el vicio, mientras ella semoría en las sombras misteriosas del claustro, donde buscára paz y acaso encontrára sufrimientos, donde entraba pura y sinmancha y espiraba como una ajada flor!..

¡Duerme en paz, hija infeliz de mi desventurada patria!Sepulta en la tumba los encantos de tu juventud, marchita ensu vigor! Cuando un pueblo no puede brindar á sus vírgenes unhogar tranquilo, al amparo de la libertad sagrada; cuando elhombre solo puede legar sonrojos á la viuda, lágrimas á lamadre y esclavitud á los hijos, haceis bien vosotras en conde-naros á perpétua castidad, ahogando en vuestro seno el gérmende la futura generacion maldita! Ah, bien hayas tú que no tehas de estremecer en tu tumba oyendo el grito de los que agoni-zan en sombras, de los que se sienten con alas y están encade-nados, de los /que se ahogan por falta de libertad! Vé, vé conlos sueños del poeta á la ragion del infinito, sombra de mujervislumbrada en un rayo derluna, murmurada por las flexiblesramas de los cañaverales... Feliz la que muere llorada, la quedeja en el corazon del que la ama una pura vision, un santorecuerdo, no manchado por mezquinas pasiones que fermentancon los años! Vé, nosotros te recordaremos! En el aire puro denuestra patria, bajo su cielo azul, sobre las ondas del lago queaprisionan montanas de zafiro y orillas de esmeralda ; en suscristalinos arroyos que sombrean las cañas, bordan las flores yaniman las libélulas y mariposas con su vuelo incierto y capri-choso como si jugasen con el aire; en el silencio de nuestrosbosques, en el canto de nuestros arroyos, en la lluvia de brillan-tes de nuestras cascadas, á la luz resplandeciente de nuestraluna, en los suspiros de la brisa de la noche, en todo en finque evoque la imagen de lo amado, te hemos de ver eternamentecorno te hemos soñado, bella, hermosa, sonriente como la espe-ranza, pura corno la luz, y sin embargo, triste y melancólicacontemplando nuestras miserias !

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sampáy-bakod