Capítulo 23: Un Cadaver - Page 3 of 5

—Lo que más le debilita son las pesadillas, sus terrores...

—Como e! gobierno! volvió á observar Simoun.

—Hace unas noches se despertó sin luz y creyó que sehabía vuelto ciego; estuvo alborotando, lamentándose é insul-tándome. diciendo que le había sacado los ojos... Cuando entrécon una luz me tomó por el P. Irene y me llamó su salvador...

—Como el gobierno, exactamente!

—Anoche, prosiguió Basilio haciéndose el sordo, se levantópidiendo su gallo, su gallo muerto hace tres años, y tuve quepresentarle una gallina, y entonces me colmó de bendiciones yme prometió muchos miles...

En aquel momento en un reloj dieron las diez y media.

Simoun se estremeció é interrumpió con un gesto al joven.

—Basilio, dijo en voz baja, escúcheme usted atentamente,que los momentos son preciosos. Veo que usted no haabierto los libros que le he enviado; usted no se interesa por su

pais...

El joven quiso protestar.

—Es inútil! continuó Simoun secamente. Dentro de unahora la revolucion va á estallar á una señal mía, y mañana nohabrá estudios, no habrá Universidad, no habrá más que com-bates y matanzas. Yo lo tengo todo dispuesto y mi éxito estáasegurado. Cuando nosotros triunfemos, todos aquellos quepudiendo servirnos no lo han hecho, serán tratados como ene-migos. Basilio, vengo á proponerle su muerte ó su porvenir!

—Mi muerte ó mi porvenir! repitió como si no comprendiesenada.

—Con el gobierno ó con nosotros, repuso Simoun; con susopresores ó con su pais. Decídase usted que el tiempo urge!Vengo á salvarle en vista de los recuerdos que nos ligan!

— Con los opresores 6 con mi país! repetía en voz baja.

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