Capítulo 23: Un Cadaver - Page 4 of 5

El joven estaba atontado; miraba al joyero con ojos donde sepintaba el terror, sintió que sus estremidades se enfriaban y milconfusas ideas cruzaban por su mente; veía las calles ensan-grentadas, oía el tiroteo, se encontraba entre muertos y heridosy ¡singular fuerza de la aficion! se veía á sí mismo con su blusade operador cortando piernas y estrayendo balas.

—Tengo en mis manos la voluntad del gobierno, continuóSimoun; he empeñado y gastado sus pocas fuerzas y recursosen tontas espediciones, deslumbrándole con las ganancias quepodía sisar; sus cabezas están ahora en el teatro tranquilas y distraidas pensando en una noche de placeres, pero ningunavolverá á reposar sobre la almohada... Tengo regimientos yhombres á mi disposicion, á unos les he hecho creer que lalrevo-lucion la ordena el General, á otros que 12 hacen los frailes ; áalgunos les he comprado con promesas, con empleos, condinero; muchos, muchísimos obran por venganza, porqueestán oprimidos y porque se ven en el caso de morir ó matar...Cabesang Tales está abajo y me ha acompañado hasta aqui!Vuelvo á repetirle, ¿viene usted con nosotros ó prefiere espo-nerse á los resentimientos de los mios? En los momentosgraves, declararse neutro es esponerse á las iras de ambospartidos enemigos.

Basilio se pasó varias veces la mano por la cara como siquisiese dispertarse de una pesadilla; sintió que su frenteestaba fria.

— Decídase usted! repitió Simoun.

—Y qué... tendría yo que hacer? preguntó con voz ahogada,quebrada, debil.

—Una cosa muy sencilla, repuso Simoun cuyo semblantese iluminó con un rayo de esperanza: como tengo que dirigirel movimiento, no puedo distraerme en ninguna accion.Necesito que, mientras toda la atencion de la ciudad está endiferentes puntos, usted á la cabeza de un peloton fuerze laspuertas del convento de Santa Clara y saque de allí á unapersona que usted, fuera de mí y de Capitan Tiago, solo puedereconocer... Usted no corre peligro alguno.

—María Clara! exclamó el joven.

—Sí, María Clara! repitió Simoun y por primera vez suacento tomaba notas tristes y humanas; la quiero salvar,por salvarla he querido vivir, he vuelto... hago la revolucionporque solo una revolucion podrá abrirme las puertas delos conventos!

—Ay! dijo Basilio, juntando las manos; llega usted tarde,demasiado tarde!

—Y ¿por qué? preguntó Simoun frunciendo las cejas.

—María Clara se ha muerto!

Simoun se levantó de un salto y se abalanzó al joven.— ¿Se ha muerto? preguntó con acento terrible.

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palung-palò