Capítulo 60: María Clara Se Casa - Page 3 of 9

María Clara aparecía pálida aún, aunque ya bastante repuesta de su enfermedad. La larga cabellera iba recogida por una cinta de seda de un ligero azul. Saludó tímidamente, sonriendo con tristeza, y se acercó a Dª. Victorina para el beso de ceremonia.

Después de las frases de costumbre, prosiguió la pseudo-andaluzada:

- Vinimoz a vizitaroz; ¡oz habéiz zalbado graciaz a vueztras relacionez! [34] –mirando significativamente a Linares.

- ¡Dios ha protegido a mi padre! –contestó en voz baja la joven.

- Zí, Clarita, pero el tiempo e loz milagroz ya ha pazao; nozotroz los ezpañolez ezimoz: ezconfía e la Virgen y échate a corré. [35]

-¡ A... a... al revés!.

Capitán Tiago, que hasta entonces no había encontrado tiempo para hablar, se atrevió a preguntar poniendo mucha atención a la respuesta:

- ¿De modo que Ud., Dª. Victorina, cree que la Virgen...

- Venimoz precizamente a hablar con Ud. e la Virgen –contestó ella misteriosamente señalando a María Clara-; tenemoz que hablar e negocioz. [36]

La joven comprendió que debía retirarse; buscó un pretexto y se alejó, apoyándose en los muebles.

Lo que en esta conferencia se dijo y se habló es tan bajo y tan mezquino que preferimos no referirlo. Baste decir que cuando se despidieron, estaban todos alegres, y que después Capitán Tiago decía a tía Isabel:

- ¡Avisa a la fonda que mañana damos una fiesta!. Vete preparando a María que la casamos dentro de poco.

Tía Isabel le miró espantada.

- ¡Ya lo verás!. Cuando el Sr. Linares sea nuestro yerno, subiremos y bajaremos todos los palacios; ¡nos tendrán envidia, se morirán todos de envidia!.

Y así fue como a las ocho de la noche del siguiente día estaba llena otra vez la casa de Capitán Tiago, sólo que ahora sus invitados son únicamente españoles y chinos; el bello sexo está representado por españolas peninsulares y filipinas.

[34] Vinimos a visitaros; ¡os habéis salvado gracias a vuestras relaciones!

[35] Sí, Clarita, pero el tiempo de los milagros ya ha pasado; nosotros los españoles decimos: desconfía de la Virgen y échate a correr. Otro disparate más, el dicho correcto es confía en la Virgen.

[36] Venimos precisamente a hablar con Ud. de la Virgen –contestó ella misteriosamente señalando a María Clara-; tenemos que hablar de negocios.

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mukháng salapî