Capítulo 60: María Clara Se Casa - Page 2 of 9

Capitán Tiago tenía en mucha estima al chino, que se hacía pasar por profeta, médico, etc. Examinando la palma de la mano de su difunta esposa, en el sexto mes de embarazo, había pronosticado:

- ¡Si esi no hómele y no pactaylo, mujé juete-juete! (Si no es hombre y no se muere, será una buena mujer.)

Y María Clara vino al mundo a cumplir la profecía del infiel.

Capitán Tiago, pues, hombre prudente y temeroso, no podía decidirse a una de las dos Vírgenes por temor de ofender a la otra, lo cual podría acarrear graves consecuencias. ¡Prudencia!, se decía a sí mismo; no vayamos ahora a echarlo a perder.

En estas dudas se hallaba cuando el partido gubernamental llegó: Dª. Victorina, D. Tiburcio y Linares.

Dª. Victorina habló por los tres varones y por ella misma, mencionó las visitas de Linares al Capitán General, e insinuó repetidas veces la conveniencia de un pariente de categoría.

-¡Na! –concluía-, como ezimoz: el que a buena zombra ze acobija, buen palo ze le arrima. [30]

- ¡A... a... al revés, mujer! –corrigió el doctor.

Desde hace días pretende ella andaluzarse con suprimir la d y poner la z por s, y esta idea no había quien se la quitase de la cabeza; primero se dejaba arrancar los rizos postizos.

- ¡Zí! –añadía hablando de Ibarra-, eze lo tenía muy merezío; yo ya lo ije cuando lo vi la primera vez; ezte ez un filibuztero. ¿Qué te ijo a ti, primo, el General?. ¿Qué le haz icho, que noticiaz le izte e Ibarra?. [31]

Y viendo que el primo tardaba en contestar, prosiguió dirigiéndose a Capitán Tiago.

- Créame uzté, zi le conenan a muelte, como ez e ezperar, zerá por mi primo. [32]

- ¡Señora!, ¡señora! –protestó Linares.

Pero ella no le dio tiempo.

- ¡Ay qué iplomático te haz güerto. Zabemoz que erez el conzejero del General, que no puee vivir zin ti...!. ¡Ay!. ¡Clarita, qué plazer e verte!. [33]

[30] Doña Victorina no tiene remedio y con cada luna coge una manía. Ahora se nos 'andaluza,' parafraseando a Rizal, lo que no evita que muestre su idiotez integral innata volviendo del revés el conocido refrán castellano: al que buen palo (arbol) se arrima buena sombra lo cobija. Para beneficio de los no familiarizados con los detalles dialectales andaluces, se incuyen traducciones de los andalucismos de Dña. Victorina, éste dice: 'Nada, como decimos, al que buena sombra se acobija buen palo se le arrima (!)'

[31] ¡Sí! –añadía hablando de Ibarra-, ese lo tenía muy merecido; yo ya lo dije cuando lo vi la primera vez; este es un filibustero. ¿Qué te dijo a ti, primo, el General?. ¿Qué le has dicho, que noticias le diste de Ibarra?

[32] Créame ustéd, si le conenan a muerte, como es de esperar, será por mi primo.

[33] ¡Ay qué diplomático te has vuerto. Sabemos que eres el consejero del General, que no puede vivir sin ti...!. ¡Ay!. ¡Clarita, qué placer de verte!

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