Capítulo 24: Sueños - Page 2 of 6

— ¡Estraño destino, el de algunos pueblos! dijo. Porque unviajero arriba á sus playas, pierden su libertad y pasan á sersúbditos y esclavos, no solo del viajero, no solo de los herederosde éste, sino aun de todos sus compatriotas, y no por una gene-racion sino para siempre! ¡Estraña concepcion de la justicia!Tal situacion da amplio derecho para esterminar á todo foras-tero como al más feroz mónstruo que puede arrojar el mar!

Y pensaba que aquellos insulares, contra los cuales su patriaestaba en guerra, despues de todo no tenían más crimen que el de su debilidad. Los viajeros abordaron tambien á las playas deotros pueblos, pero por hallarlos fuertes, no trataron de su sin-gular pretension. Débiles y todo le parecía hermoso el espectá-culo que ciaban, y los nombres de los enemigos, que los periódicosno se descuidaban de llamar cobardes y traidores, le parecíangloriosos, sucumbían con gloria al pié de las ruinas de susimperfectas fortificaciones, con más gloria aun que los antiguoshéroes troyanos; aquellos insulares no habían robado ningunaHelena filipina. Y con su entusiasmo de poeta, pensaba en losjóvenes de aquellas islas que podían cubrirse de gloria á los ojosde sus mujeres, y como enamorado en desesperacion les envi-diaba porque podían.hallar un brillante suicidio. Y exclamaba :

—Ah! quisiera morir, reducirme á la nada, dejar á mi patriaun nombre glorioso, morir por su causa, defendiéndola de lainvasion estrangera y que el sol despues alumbre mi cadávercomo sentinela inmóvil en las rocas del mar!

Y el conflicto con los alemanes se le venía á la memoria, ycasi sentía que se hubiese allanado; él hubiera muerto congusto por_ el pahellon español-filipino antes de someterse alestrangero :

—Porque despues de todo, pensaba, con España nos unensólidos lazos, el pasado, la historia, la religion, el idioma...

El idioma, sí, el idioma! Una sonrisa sarcástica se dibujó ensus labios; aquella noche tenían ellos el banquete en la pansi-tería para celebrar la muerte de la Academia de Castellano.

— Ay ! suspiró; como los liberales en España sean cual lostenemos aquí, dentro de poco la Madre Patria podrá contar elnúmero de sus fieles!

La noche descendía poco á poco y con ella aumentábase lamelancolía en el corazon del joven, que perdía casi la esperanzade ver á Paulita. Los paseantes abandonaban poco á poco elMalecon para irse á la Luneta, cuya música dejaba oir pedazosde melodías traidas hasta allí por la fresca brisa de la tarde:los marineros de un barco de guerra, anclado en el río,ejecutaban las 'maniobras de antes de la noche, trepando porlas cuerdas ligeros como arañas; las embarcaciones encendianpoco á poco sus fanales dando señales de vida y la playa

Do el viento riza las calladas olas

Que con blando murmullo en la ribera

Se deslizan veloces por si solas...

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kalatóg-pinggán