Capítulo 20: El Ponente - Page 3 of 5

Sin embargo, los entusiasmos, faltos de aliciente y de lucha,fueron apagándose poco á poco. El no leía los periódicos que lellegaban de España, porque venían por paquetes y su vista lehacía bostezar; las ideas que había pescado, usadas todas, nece-sitaban refuerzo y no estaban allí sus oradores : y aunque enlos casinos de Manila se juega bastante y se dan bastantes sabla-zos como en los círculos de la Corte, no se permitía en aquellossin embargo ningun discurso para alimentar los ideales políticos.Pero D. Custodio no era perezoso, hacía algo más que querer,obraba, y previendo que iba á dejar sus huesos en Filipinas yjuzgando que aquel pais era su propia esfera, dedicóle suN cui-dados y creyó liberalizarlo imaginando una serie de reformas yproyectos á cual más peregrinos. El fué quien habiendo oidoen Madrid hablar del pavimento de madera de las calles deParis, entonces no adoptado todavía en España, propuso suaplicacion en Manila, estendiendo por las calles tablas, clavadasal modo como se ven en las casas; él fué quien lamentando losaccidentes de los vehículos de dos ruedas, para prevenirlos discurrió que les pusieran lo menos tres; él fué tambien quien,mientras actuaba de Vice Presidente de la Junta de Sanidad, ledió por fumigarlo todo, hasta los telegramas que venían de lospuntos infestados; él fué tambien quien, compadeciendo por una parte á los presidiarios que trabajaban en medio del sol yqueriendo por otra ahorrar al gobierno de gastar en el equipode los mismos, propuso vestirlos con un simple taparrabo yhacerlos trabajar, en vez de día, de noche. Se estrañaba, se poníafurioso de que sus proyectos encontrasen impugnadores, perose consolaba con pensar que el hombre que vale enemigostiene, y se vengaba atacando y desechando cuantos proyectosbuenos ó malos presentaban los demas.

Como se picaba de liberal, al preguntarle qué pensaba de losindios solía responder, como quien hace un gran favor, queeran aptos para trabajos mecánicos y artes imitativas (él queríadecir música, pintura y escultura), y añadía su vieja coletillade que para conocerlos hay que contar muchos, muchos añosde pais. Sin embargo si oía que alguno sobresalía en algo queno sea trabajo mecánico 6 arte imitativa, en química, medicinaó filosofía por ejemplo, decía : Psh! promeeete... no es tonto! yestaba él seguro de que mucho de sangre española debía correrpor las venas del tal indio, y si no lo podía encontrar apesar detoda su buena voluntad, buscaba entonces un origen japonés :empezaba á la sazon la moda de atribuir á japoneses y á árabes.cuanto de bueno los filipinos podían tener. Para D. Custodio elkundiman, el balitaw, el kumingtang eran músicas árabes comoel alfabeto de los antíguos filipinos y de ello estaba seguro aun-que no conocía ni el árabe ni había visto aquel alfabeto.

— Arabe y del más puro árabe decía á Ben Zayb en tono queno admitía réplica; cuando más, chino.

Y añadía con un guiño significativo :

—Nada puede ser, nada debe ser- original de los indios,entiende usted? Yo les quiero mucho, pero nada se les debealabar pues cobran ánimos y se hacen unos desgraciados.

Otras veces decía :

—Yo amo con delirio á los indios, me he constituido en supadre y defensor, pero es menester que cada cosa esté en sulugar. Unos han nacido para mandar y otros para servir; claroestá que esta verdad no se puede decir en voz alta, pero se lapractica sin muchas palabras. Y mire usted, el juego consisteen pequeñeces. Cuando usted quiera sujetar al pueblo, convén-zale de que está sujeto; el primer día se va á reir, el segundova á protestar; el tercero dudará y el cuarto estará convencido.Para tener al filipino docil, hay que repetirle día por día de que lo es y convencerle de que es incapaz. De qué le serviría porlo demás creer en otra cosa si se hace desgraciado? Créameusted, es un acto de caridad mantener cada ser en la posicionen que está; allí está el orden, la armonía. En eso consiste laciencia de gobernar.

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hawang-lamíg