Capítulo 14: Una Casa De Estudiantes - Page 5 of 9

Y como nadie le interrumpía se fué entusiasmando y entusias-mando hasta que pasó á hablar del porvenir de Filipinas.

— Como digo, señores, la aurora no está lejos; España abreel oriente para su querida Filipinas, y los tiempos van cam-biando y me consta se hace más de lo que nos figuramos. A esegobierno que segun ustedes vacila y no tiene voluntad, buenoes que le alentemos con nuestra confianza, que le hagamosver que esperamos en él; recordémosle con nuestra conducta(cuando se olvida lo que no creo pueda suceder), que tenemosfé en sus buenos deseos y que no debe guiarse por otra normaque la de la justicia y el bien de todos sus gobernados. No,señores, continuó adoptando un tono más y más declamatorio,no debemos ni siquiera admitir en esta materia la posibilidadde una consulta con otras entidades más ó menos opuestas,pues la sola idea implicaría la tolerancia del hecho; vuestraconducta hasta ahora ha sido franca, leal, sin vacilaciones, sinrecelos; os dirigís á él sencilla y directamente, las conside-raciones que espusisteis no pueden ser más atendibles; vuestrofin es aligerar la tarea de los profesores en los primeros añosy facilitar el estudio á centenares de estudiantes que llenanlas aulas y de los que no puede cuidarse un solo profesor.Si hasta ahora el espediente no ha sido resuelto ha sido porque,como me consta á mí, hay mucho material acumulado; peroauguro que la campaña está ganada, que la cita de Makaraiges para anunciarnos la victoria, y mañana veremos premiadosnuestros esfuerzos con el aplauso y agradecimiento del pais yquien sabe señores si el gobierno no os propone á vosotrospara alguna buena condecoracion como merecedores que soisde la patria!

Resonaron entusiastas aplausos; todos creían ya en eltriunfo y muchos en la condecoracion.

—¡Que conste, señores, dijo Juanito, que yo fuí uno de losprimeros iniciadores!

El pesimista Pecson no estaba entusiasmado.

—Como no tengamos la condecoracion en los tobillos! dijo.

Pero afortunadamente para Pelaez la observacion no se oyóen medio de los aplausos. Cuando se calmaron algun tanto,Pecson repuso:

—Bueno, bueno, muy bueno, pero una suposicion... y siapesar de todo eso, el General consulta, consulta y consultay despues nos niega la autorizacion?

La suposicion cayó como agua fría.

Todos miraron á Sandoval; este se halló entrecortado.

—Entonces, murmuró titubeando.

—¿Entonces?

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palung-palò