Capítulo 10: Riqueza Y Miseria - Page 3 of 8

La devota Hermana Penchang pensó que con aquel regalo laVirgen de Antipolo se ablandaría y le concedería su deseomás vehemente: hácia tiempo que le pedía un milagro ruidosoen que vaya mezclado su nombre para immortalizarse en latierra yendo al cielo despues, como la Cpna. Inés de loscuras, y preguntó por el precio. Pero Simoun pedía tres milpesos. La buena mujer se santiguó. Susmariosep!

Simoun descubrió el tercer compartimento.

Este estaba lleno de relojes, petacas, fosforeras y relicariosguarnecidos de brillantes y de finísimos esmaltes con minia-turas elegantísimas.

El cuarto contenía las piedras sueltas y al descubrirlo unmurmullo de admiracion resonó en la sala, Sinang volvió ácastañetear con la lengua, su madre la volvió á pellizcar nosin soltar ella misma un Sus Maria! de admiracion.

Nadie había visto hasta entonces tanta riqueza. En aquelcajon forrado de terciopelo azul oscuro, dividido en secciones,veíanse realizados los sueños de las Mil y una noches, lossueños de las fantasías orientales. Brillantes, grandes hastacomo garbanzos centelleaban arrojando chispas de movilidadfascinadora como si fuesen á liquidarse ó á arder consumidosen las reverberaciones del espectro; esmeraldas del Perú, dediferentes formas v tallado, rubíes de la India, rojos comogotas de sangre, zafiros de Ceylan, azules y blancos, turquesasde Persia, perlas de nacarado oriente, de las cuales algunas,rosadas, plomizas y negras. Los que han visto durante lanoche un gran cohete deshacerse sobre el fondo azul oscurodel cielo en millares de lucecitas de todos colores, tanbrillantes que hacen palidecer á las eternas estrellas, puedenimaginarse el aspecto que presentaba el compartimento.

Simoun, como para aumentar la admiracion de los presen-tes, removía las piedras con sus morenos y afilados dedos gozán-dose en su canto cristalino, en su resbalar luminoso como degotas de agua que colora el arcoiris. Los reflejos de tantasfacetas, la idea de sus elevadísimos precios fascinaban lasmiradas. Cabesang Tales que se había acercado curioso, cerró losojos y se alejó inmediatamente como para ahuyentar un malpensamiento. Tanta riqueza insultaba su desgracia; aquelhombre venía allí á hacer gala de su inmensa fortuna precisa-mente en la víspera del día en que él, por falta de dinero, porfalta de padrinos tenía que abandonar la casa que habíalevantado con sus manos.

— Aquí tienen ustedes dos brillantes negros, de los másgrandes que existen, repuso el joyero: son m'uy difíciles detallar por ser los más duros... Esta piedra algo rosada estambien brillante, lo mismo que esta verde que muctios.toman por esmeralda. El chino Quiroga me ha ofrecido por él seis mil pesos para regalárselo á una poderosísima señora...Y no son los verdes los más caros sino estos azules.

Y separó tres piedras no muy grandes, pero gruesas y muybien talladas, con una ligera coloracion azul.

— Con ser más pequeños que el verde, continuó, cuestanel doble. Miren ustedes este que es el más pequeño de todos —no pesa más de dos quilates, — me ha costado veinte mil pesosy ya no lo doy en menos de treinta. He tenido que hacer unviaje expresamente para comprarlo. Este otro, encontrado enlas minas de Golconda, pesa tres quilates y medio y valemás de setenta mil. El Virrey de la India por una carta querecibí antes de ayer me ofrece doce mil libras esterlinas.

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parang waláng butó