Capítulo 10: Riqueza Y Miseria - Page 2 of 8

—Precisamente tengo alhajas muy antiguas, contestó Si-moun, quitando la funda de lona de la maleta más pequeña.

Era un cofre de acero pulimentado con muchos adornosde bronce y cerraduras sólidas y complicadas.

Tengo collares de Cleopatra, legítimos y verdaderos,hallados en las pirámides, anillos de senadores y caballerosromanos encontrados en las ruinas de Cartago...

—Probablemente los que Anibal envió despues de la batallade Cannes! añadió Cpn. Basilio muy seriamente y estreme-ciéndose de júbilo.

El buen señor, aunque había leido mucho sobre los anti-guos, por falta de museos en. Filipinas jamas había visto nadade aquellos tiempos.

-- Traigo además, costosísimos pendientes de damas roma-nas encontrados en la quinta de Annio Mucio Papilino enPompeya..

Cpn. Basilio sacudía la cabeza dando á entender que estabaal corriente y que tenia prisa por ver tantos preciosas reli-quias. Las mujeres decían que tambien querían tener deRoma, como rosarios benditos por el Papa, reliquias queperdonan los pecados sin necesidad de confesion etc.

Abierta la maleta y levantado el algodon en rama que laprotegía, descubrióse un compartimento lleno de sortijas,relicarios, guardapelos, cruces, alfileres, etc. Los brillantes,combinados con piedras de diferentes colores, lanzaban chis-pas y se agitaban entre flores de oro de matices varios, convetas de esmalte, con caprichosos dibujos y raros arabescos.

Simoun levantó la bandeja y descubrió otra llena de fantás-ticas alhajas que hubieran podido hartar la imaginacion desiete jóvenes en siete vísperas de bailes dados en su honor.Formas á cual más caprichosas, combinaciones de piedras yy perlas imitando insectos de azulado lomo y élitros transpa-rentes; el zafiro, la esmeralda, el rubí, la turquesa, el brillante,se asociaban para crear libélulas, mariposas, avispas, abejas,escarabajos, serpientes, lagartos, peces, flores, racimos etc. :había peinetas en forma de diademas, gargantillas, collaresde perlas y brillantes tan hermosos que varias dalagas nopudieron contener un nakú ! de admiracion y Sinang casta-ñeteó con la lengua, por lo que su madre, Cpna. Tiká, lapellizcó temiendo que por ello encareciese más sus alhajas eljoyero. Cpn. Tiká seguía pellizcando á su hija aun despuesque se hubo casado.

—Ahí tiene usted brillantes antiguos, repuso el joyero;ese anillo perteneció á la princesa de Lamballe, y esos pen-dientes á una dama de María Antonieta.

Eran unos hermosos solitarios de brillantes, grandes comogranos de maiz, de brillo algo azulado, llenos de una severaelegancia como si conservasen aun el estremecimiento de losdias del Terror.

—¡ Esos dos pendientes ! dijo Sinang mirando hácia supadre y protegiendo instintivamente con la mano el brazoque tenía cerca de la madre.

—Otras más antiguas todavía, las romanas, contestabaCpn. Basilio guiñando.

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buwayang-lubóg