Epílogo - Page 2 of 4

De María Clara no se volvió a saber nada más sino que el sepulcro parece la guarda en su seno. Hemos preguntado a varias personas de mucha influencia en el santo convento de Sta. Clara, pero nadie nos ha querido decir una sola palabra, ni aun las charlatanas devotas que reciben la famosa fritada de hígados de gallinas, y la salsa más famosa aún, llamada de las monjas, preparadas por la inteligente cocinera de las Vírgenes del Señor.

Sin embargo:

Una noche de septiembre rugía el huracán y azotaba con sus gigantescas alas los edificios de Manila; el trueno retumbaba a cada instante; relámpagos y rayos alumbraban por momento los estragos del vendaval y sumían a los habitantes en espantoso terror. La lluvia caía a torrentes. A la luz del relámpago o del rayo que culebreaba se veía un pedazo de techo, una ventana volar por los aires, desplomarse con horrible estrépito: ni un coche, ni un caminante atravesaba las calles. Cuando el ronco eco del trueno, cien veces repercutido, se perdía a lo lejos, entonces se oía suspirar al viento, que arremolinaba la lluvia, produciendo un repetido trac-trac contra las conchas de las cerradas ventanas. [8]

Dos guardias acobijábanse en un edificio que se construía cerca el convento: eran un soldado y un distinguido.

- ¿Qué hacemos aquí? –decía el soldado-; nadie anda por la calle... debíamos irnos a una casa; mi querida vive en la calle del Arzobispo.

- De aquí a allá hay buen trecho y nos mojaremos –contesta el distinguido.

- ¿Qué importa con tal que no nos mate el rayo?.

- ¡Bah!, no tengas cuidado; las monjas deben tener un para rayos para librarse.

- ¡Sí! –dice el soldado- ¿Pero de qué sirve si está la noche tan oscura?.

Y levantó la vista hacia lo alto para ver la oscuridad: en aquel momento brilló un relámpago, repetido y seguido en un formidable trueno.

- ¡Naku!. ¡Susmariósep! [9] –exclamó el soldado persignándose, y estirando a su compañero-, ¡vámonos de aquí!.

- ¿Qué te pasa?.

- ¡Vámonos, vámonos de aquí! –repitió castañeándole los dientes de miedo.

- ¿Qué has visto?.

- ¡Un fantasma! –murmuró todo tembloroso.

- ¿Un fantasma?.

[8] Las ventanas tradicionales filipinas son de madera con conchas translúcidas de capiz. Vease la nota 11 al Capítulo 39.

[9] Dos expletivos suaves. Naku es contracción de 'ina ko' o madre mía. Susmariosép es contracción de la jaculatoria popular 'Jesús, María y José.'

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layláy ang balikat