Capítulo 49: La Voz De Los Perseguidos - Page 2 of 5

- Por ejemplo: más respeto a la dignidad humana, más seguridad al individuo, menos fuerza a la fuerza ya armada, menos privilegios para este cuerpo que fácilmente abusa de ellos.

- Elías –contestó el joven-, yo no sé quién sois, pero adivino que no sois un hombre vulgar: pensáis y obráis de otra manera que los otros. Vos me comprenderéis si os digo que si bien el estado actual de las cosas es defectuoso, más lo sería si se le cambiase. Yo podría hacer hablar a los amigos que tengo en Madrid, pagándolos podría hablar al Capitán General, pero ni aquéllos conseguirán nada, ni éste tiene tanto poder para introducir tantas novedades, ni yo daría jamás un paso en este sentido, porque comprendo muy bien que si es verdad que estas Corporaciones tienen sus defectos, son ahora necesarias, son lo que se llama un mal necesario.

Elías, muy sorprendido, levantó la cabeza y le miró atónito.

- ¿Creéis vos también, señor, en el mal necesario? –preguntó con voz ligeramente temblorosa-; ¿creéis que para hacer el bien se necesita hacer el mal?.

- No; creo en él como en un remedio violento de que nos valemos cuando queremos curar una enfermedad. Ahora bien, el país es un organismo que padece una enfermedad crónica, y para sanarle el Gobierno se ve precisado a usar medios, duros y violentos si queréis, pero útiles y necesarios.

- Mal médico es, señor, aquel que sólo busca corregir los síntomas y sofocarlos, sin tratar de indagar el origen del mal, o conociéndolo, teme atacarlo. La Guardia Civil tiene no más que este fin: represión del crimen por el terror y la fuerza, fin que no se llena ni se cumple más que por casualidad. Y hay que tener en cuenta que la sociedad sólo puede ser severa con los individuos, cuando les ha suministrado los medios necesarios para su perfectibilidad moral. En nuestro país, como no hay sociedad, pues no forman una unidad el pueblo y el Gobierno, éste debe ser indulgente, no sólo porque necesita indulgencia, sino porque el individuo, descuidado y abandonado por él, tiene menos responsabilidad por lo mismo que ha recibido menos luces. Además, siguiendo vuestra comparación, el tratamiento que se aplica a los males del país es tan destructor que sólo se deja sentir en el organismo sano, cuya vitalidad debilita y prepara al mal. ¿No sería más razonable fortalecer el organismo enfermo y aminorar un poco la violencia del medicamento?.

- Debilitar a la Guardia Civil sería poner en peligro la seguridad de los pueblos.

- ¡La seguridad de los pueblos! –exclamó Elías con amargura-. Pronto hará quince años que estos pueblos tienen su Guardia Civil y ved: aún tenemos tulisanes, aún oímos que se saquean pueblos, aún se ataja en los caminos; los robos continúan y no se averiguan los autores; el crimen existe y vaga libre el verdadero criminal, pero no así el pacífico habitante del pueblo. Preguntad a cada honrado vecino si mira esta institución como un bien, una protección del Gobierno y no como una imposición, un despotismo cuyas demasías hieren más que las violencias de los criminales. Estas suelen ser en verdad grandes, pero raras, y contra ellas está uno facultado para defenderse; contra las vejaciones de la fuerza legal no se permite ni la protesta, y si no son tan grandes, son sin embargo continuas y sancionadas. ¿Qué efecto produce esta institución en la vida de nuestros pueblos?. Paraliza las comunicaciones, porque todos temen ser maltratados por fútiles causas; se fija más en formalidades que no en el fondo de las cosas, primer síntoma de la incapacidad; porque uno se ha olvidado su cédula ha de ser maniatado y maltratado, no importa si es una persona decente o bien considerada; los jefes tienen por primer deber el hacerse saludar de grado o por la fuerza, aun en la oscuridad de la noche, en lo que les imitan los inferiores para maltratar y despojar a los campesinos, y pretextos no le faltan; no existe el sagrado del hogar; hace poco en Calamba asaltaron, pasando por la ventana, la casa de un pacífico habitante a quien el jefe debía prendas y favores; no hay la seguridad del individuo: cuando necesitan limpiar el cuartel o la casa, salen y prenden a todo el que no se resiste para hacerle trabajar durante el día, ¿queréis más?, durante estas fiestas han continuado los juegos prohibidos, pero han turbado brutalmente los regocijos permitidos por la autoridad; visteis qué pensaba el pueblo acerca de ellos, ¿qué ha sacado con deponer sus iras y esperar en la justicia de los hombres?. ¡Ah, señor, si a esto llamáis conservar el orden...!.

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