Capítulo 35: Comentarios - Page 4 of 5

- Pues yo –decía gravemente la Capitana María-, si fuese rico como vos, dejaba que mis hijos viajasen: son jóvenes y deben un día ser hombres... yo ya he de vivir poco... nos veríamos en la otra vida... los hijos deben aspirar a ser algo más que sus padres, y en nuestros senos sólo les enseñamos a ser niños.

- ¡Ay, qué pensamientos tan raros tenéis! –exclamaba espantada la Capitana Tinay, juntando las manos-; ¡parece que no habéis parido con dolor a vuestros gemelos!.

- Por lo mismo que los he parido con dolor, criado y educado a pesar de nuestra pobreza, no quiero que, después de tantas fatigas como me ha costado, sean no más que medio hombres.

- ¡Me parece que no amáis a vuestros hijos como Dios manda! –dice en tono algo severo Hermana Rufa.

- Perdonad, cada madre ama a sus hijos a su manera: unas los aman para sí, otras por sí, y algunas por ellos mismos. Yo soy de estas últimas, mi marido así me lo ha enseñado.

- Todos vuestros pensamientos Capitana María –dice la Rufa como predicado-, son poco religiosos: ¡haceos Hermana del Smo. Rosario, de S. Francisco, de Sta. Rita o Sta. Clara!.

- ¡Hermana Rufa, cuando sea digna hermana de los hombres, trataré de ser hermana de los santos! -contestaba sonriendo.

Para acabar con este capítulo de comentarios, y para que los lectores vean siquiera de paso qué pensaban del hecho los sencillos campesinos, nos iremos a la plaza, donde bajo el entoldado conversan algunos, uno de los cuales, conocido nuestro, es el hombre que soñaba en los doctores en Medicina.

- ¡Lo que más siento –decía éste- es que la escuela ya no se termina!.

- ¿Cómo?, ¿cómo? –preguntan los circunstantes con interés.

- ¡Mi hijo ya no será doctor sino carretero!. ¡Nada!. ¡Ya no habrá escuela!.

- ¿Quién dice que ya no habrá escuela? –pregunta un rudo y robusto aldeano de anchas quijadas y estrecho cráneo.

- ¡Yo!. Los padres blancos han llamado a Don Crisóstomo plibastiero [27]. ¡Ya no hay escuela!

Todos se quedaron preguntándose con la mirada. El hombre era nuevo para ellos.

- Y ¿es malo ese nombre? –se atreve a preguntar el rudo aldeano.

[27] Transliteración de 'filibustero.' En el lenguaje colonial de fines del XIX así se llamaba a los rebeldes y a los que hablaban, escribían o protestaban contra la autoridad. Los campesinos de todo el mundo tienen una propensión, muy normal por otra parte, a hablar con cierta rudeza, sobre todo cuando usan palabras largas y altisonantes como pudiera ser 'filibustero.'

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bantáy-salakay