Capítulo 30: Julî - Page 6 of 7

Al fin, llegó un viajero de Manila y contó como habían sidopuestos en libertad todos los presos todos menos Basilio que notenía protector. En Manila se decía, añadió el viajero, que eljoven sería desterrado á Carolinas, habiéndole hecho firmar deantemano una peticion en que se hacia constar que así volunta-riamente lo pedía. El viajero había visto el vapor que le iba áconducir.

Aquella noticia acabó con las vacilaciones de la joven cuyamente, por lo demas, estaba ya bastante trabajada mercedá tantas noches en vela y á sus horribles ensueños. Pálida ycon los ojos estraviados, buscó á hermana Bali y, en voz quedaba miedo, le dijo que estaba dispuesta y la preguntaba sila quería acompañar.

Hermana Balf se alegró y procuró tranquilizarla, pero Julíno escuchaba y parecía que solo tenía prisa por llegar al con-vento. Ella se había arreglado, se había puesto sus mejorestrajes y hasta parecía que estaba muy animada. Hablabamucho aunque algo incoherente.

Echaron á andar. Julí iba delante y se impacientaba porquesu compañera se quedaba detrás. Pero á medida que se acer-caban al pueblo, la energía nerviosa la abandonaba poco á poco,se volvía silenciosa, perdía su decision, acortaba el paso, ydespues se quedaba detrás. Hermana Bali tenía que animarla.

— Qué vamos á llegar tarde! decía.

Julf seguía pálida, con los ojos bajos, sin atreverse á levantarlos. Creía que todo el mundo la miraba y la señalaban conel dedo. Un nombre infame silbaba en sus oidos pero se hacíala sorda y continuaba su camino. No obstante, cuando vió elconvento, se detuvo y empezó á temblar.

—¡Volvamos al barrio, volvamos! suplicó deteniendo á sucompañera.

Hermana Bali tuvo que cogerla del brazo y medio arras-trarla, tranquilizándola y hablándola de libros de frailes. Ellano la iba á abandonar, nada tenía que temer; el P. Camorratenía otras cosas en la cabeza; Juli no era más que una pobrecampesina...

Pero al llegar á la puerta del convento ó casa parroquial,Juli se negó tenazmente á subir y se cogió á la pared.

—No, no! suplicaba llena de terror; oh, no, no, tenedpiedad !...

—Pero que tonta...

Hermana Bali la empujaba dulcemente; Juli resitía, pálida,con las facciones desencajadas. Su mirada decía que veía de-lante de sí á la muerte.

—¡Bien, volvamos si no quieres! exclamó al fin despechadala buena mujer que no creía en ningun peligro real. El P.Camorra, apesar de toda su fama, no se atrevería delante de ella.

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magaán ang kamáy