Capítulo 30: Julî - Page 5 of 7

Julf se tapaba los oidos, miraba á todas partes como bus-cando una voz que hablase por ella, miraba á su abuelo; peroel abuelo estaba mudo y tenía la vista fija en su pica decazador.

Aquella noche durmió apenas. Ensueños y pesadillas, yafúnebres ya sangrientos, danzaban delante de su vista, y sedespertaba á cada momento nadando en frío. sudor. Creíaoir tiros, creía ver á su padre, su padre que tanto había hechopor ella, luchando en los bosques, cazado como un animalporque había vacilado en salvarle. Y la figura del padre setransformaba y reconocía á Basilio, agonizando y dirigiéndolamiradas de reproche. La desgraciada se levantaba, oraba,lloraba, invocaba á su madre, á la muerte, y hubo un momentoen que, rendida por el terror, á no haber sido de noche habríacorrido derecha al convento, suceda lo que suceda.

El día llegó y los tristes presentimientos, los terrores de lassombras se disiparon en parte. La luz le trajo esperanzas. Mas,las noticias de la tarde fueron terribles; se habló de afusiladosy la noche para la joven fué espantosa. En su desesperaciondecidió entregarse tan pronto como brillase el día y matarsedespues : todo, menos pasar semejantes torturas!

Pero la aurora trajo nuevas esperanzas y la joven no quisobajar de casa, ni irse á la iglesia. Temía ceder.

Y así pasaron algunos días : orando y maldiciendo, invo-cando á Dios y deseando la muerte. El día era una tregua,Julf confiaba en algun milagro; las noticias que venían deManila, si bien llegaban abultadas, decían que de los presosalgunos habían conseguido su libertad gracias á padrinos yá influencias... Alguno tenía que salir sacrificado, ¿quiénsería? Julf se entremecía y se retiraba á su casa mordiéndoselas uñas de los dedos. Y así venía la noche en que los temores,adquiriendo doble proporcion, parecían convertirse en reali-dades. Julf temía el sueño, temía dormirse, pues su sueñoera una continuada pesadilla. Miradas de reproche traspasabansus párpados tan pronto como los cerraba, quejas y lamentosbarrenaban sus oidos. Veía á su padre vagando, hambriento,sin tregua ni reposo; veía á Basilio agonizando en el camino* herido de dos balazos, como había visto el cadáver de aquelvecino, que fué muerto mientras le conducía la Guardia Civil.Y ella veía las ligaduras que habían penetrado la carne, veíala sangre saliendo por la boca y oía que Basilio le decía:

— « Sálvame, sálvame! tú sola me puedes salvar! » Resonabadespues una carcajada, volvía los ojos y veía á su padre, quela miraba con ojos llenos de reproche. Y Juli se despertaba, seincorporoba sobre su petate, se pasaba las manos por la frentepara recoger su cabellera: frio sudor, como el sudor de lamuerte, la humedecia!

— Madre, madre ! sollozaba.

Y entre tanto los que disponían tan alegremente de losdestinos de los pueblos, el que mandaba los asesinatos legales,el que violaba la justicia y hacía uso del derecho para sostenerá la fuerza, dormían en paz.

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takaw-tingín