Capítulo 30: Julî - Page 3 of 7

Juli se había cambiado mucho; había perdido su alegría,nadie la veía sonreir, hablaba apenas y hasta al parecertenía miedo de verse la cara. Un día la vieron en el pueblo conuna gran mancha de carbon en la frente, ella que solía ir bienarregladita y compuesta. Una vez preguntó á hermana Bali silos que se suicidaban se iban al infierno.

—De seguro! contestó la mujer y le pintó el sitio como sien él hubiera estado.

Con la prision de Basilio, los sencillos y agradecidos parien-tes propusieron hacer toda clase de sacrificios para salvar aljoven; pero como entre todos no reunían treinta pesos, hermanaBall, como siempre, tuvo la mejor idea.

—Lo que debemos hacer es pedir un consejo al escribiente,dijo.

Para aquellas pobres gentes, el escribiente del tribunal erael oráculo de Delfos para los antiguos griegos.

—Dándole un real y un tabaco, añadió, te dice todas lasleyes que se te hincha la cabeza oyéndole. Si tienes un peso,te salva aunque estés al pié de la horca. Cuando á mi vecinoSimon le metieron en la carcel y le dieron de palos, por nopoder declarar en un robo ve se cometió cerca de su casa,abá! por dos reales y medio y una rosca de ajos, le sacó elescribiente. Y yo le ví á Simon que apenas podía andar y tuvoque guardar cama lo menos un mes. Ay ! se le pudrió el trasero,abá! y murió de resultas!

El consejo de hermana Ball fué admitido y la misma seencargó de hablar con el escribiente; Juli le dió cuatro realesy añadió pedazos de tapa de venado que el abuelo había cazado.Tandang Selo se dedicaba de nuevo á la caza.

Pero el escribiente nada podía: el preso estaba en Manila y hasta allí no llegaba su poder.

—¡Si al menos estuviera en la cabecera, todavía!... dijohaciendo alarde de su poder.

El escribiente sabía muy bien que su poder no pasaba de loslímites de Tiani, pero le convenía conservar su prestigio y que-darse con la tapa de venado.

—Pero, os puedo dar un sabio consejo y es que vayais conJuli, al juez de Paz. Es menester que vaya Juli.

El Juez de Paz era un hombre muy brusco, pero viendo á Juliacaso se portase menos groseramente : aquí estaba la sabiduríadel consejo.

Con mucha gravedad oyó el señor Juez á hermana Bali, queera quien tomaba la palabra, no sin mirar de cuando en cuandoá la joven que tenía los ojos bajos y estaba muy avergonzada.La gente diría de ella que se interesaba mucho por Basilio, lagente no se acordaba de su deuda de gratitud y de que aquellaprision, segun se decia, era por causa de ella.

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alsá-balutan