Capítulo 28: Tatakut - Page 5 of 7

— Créeme, Chichoy, del chino Quiroga! Lo he oido en laoficina!

—Nakú, seguro pues! exclamó el simple, creyéndolo ya deantemano.

—Quiroga, continuó el escribiente, tiene cien mil pesos enplata mejicana en la bahía. ¿Cómo hacerlos entrar? Puessencillamente; inventa los pasquines, aprovechándose de lacuestion de los estudiantes, y mientras todo el mundo estáalborotado, pum! unta á los empleados y pasan las cajas!

—¡Justo, justo! exclamó el crédulo pegando un puñetazosobre la mesa. ¡Justo! Por eso pala el chino

Quiroga... por eso!

Y tiene que callarse no sabiendo qué decir del chino Quiroga.

—Y nosotros pagaremos los platos rotos..? preguntabaChichoy indignado.

—Ejem, ejem, ejjjem! tosió el platero oyendo acercarsepasos en la calle.

En efecto los pasos se acercaban, y en la platería todos secallaron.

—San Pascual Bailon es un gran santo, dijo hipócritamenteen voz alta el platero, guiñando á los otros; san Pascual Bailon...

En aquel momento asomó la cara Plácido Penitente, acom-pañado del pirotécnico que vimos recibiendo las órdenes deSimoun. Todos rodearon los recien llegados preguntandopor novedades.

—No he podido hablar con los presos, respondió Plácido;hay unos treinta!

—Estaos alerta! añadió el pirotécnico, cambiando unamirada de inteligencia -con Plácido; dicen que está noche vaá haber un degüello...

—Ja? Rayo! exclamó Chichoy, buscando con los ojos unarma y no viendo ninguna, cogió su soplete.

El maestro se sentó; le temblaban las piernas. El créduloya se veía degollado y lloraba de antemano por la suerte de sufamilia.

—Ca! dijo el escribiente; degüello no va á haber! Elconsejero del — é hizo una seña misteriosa — está por fortunaenfermo.

—Simoun !

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nábukó