Capítulo 28: Tatakut - Page 3 of 7

Con ocasion de un bautismo, arrojáronse algunos cuartos álos chicos y naturalmente hubo cierto tumulto en la puerta de laiglesia. Acertó entonces pasar por allí un bravo militar que, algopreocupado, tomó el barullo por filibusterada, y arremetiendosable en mano á los chicos, entra en el templo, y si no se enredaen la cortina suspendida del coro, no iba á dejar dentro títerecon cabeza. Verlo esto los timoratos y echarse á correr propa-lando que la revolucion había comenzado, fué cosa de unsegundo. Cerráronse atropelladamente las pocas tiendas quequedaban abiertas, chinos hubo que se dejaron fuera piezas detela, y no pocas mujeres perdieron sus chinelas al correr porlas calles. Afortunadamente no hubo más que un herido y unoscuantos contusos, entre ellos el mismo militar al caerse luchan-do con la cortina, que olia á capa del filibusterismo. Tal proezale dió tanto renombre y un renombre tan puro que ¡ojalá todaslas famas se conquistasen de análoga manera! las madres llora-rían menos y estaría más poblada la.tierra!

En un arrabal sorprendieron los vecinos á dos individuosque enterraban armas debajo de una casa de tabla. Alborotóseel barrio; los habitantes quisieron perseguir á los desconocidospara matarlos y entregarlos á las autoridades, pero un vecinoles calmó diciéndoles que bastaba con presentar al tribunal elcuerpo del delito. Eran por lo demas viejas escopetas que deseguro habrían herido al primero que hubiese querido servirsede ellas.

— Bueno! decía un valenton; si quieren que nos alzemos,adelante!

Pero el valenton fué sacudido á golpes y á puñetazos, pelliz-cado por las mujeres como si fuese el propietario de lasescopetas.

En la Hermita la cosa ya fué más grave si bien metió menosruido y eso que hubo tiros. Cierto empleado precavido que sehabía armado hasta los dientes, vió, al anochecer, un bultocerca de su casa, lo tomó sin más ni más por estudiante y lesoltó dos tiros de revólver. El bulto resultó despues ser unguardia veterano y le enterraron y, pax Christi ! Mutis!

En Dulumbayan resonaron tambien varios tiros, de los queresultaron muertos un pobre viejo sordo, que no había oido elquien vive del centinela, y un cerdo que lo oyó y no contestóEspaña. Al viejo no le enterraron facilmente pues no tenía conque pagar las exequias, y al cerdo se lo comieron.

En Manila, en una dulcería que había cerca de la Universi-dad, muy frecuentada por estudiantes, se comentaban las pri-siones de esta manera:

— ¿Ya cogí ba con Tadeo? preguntaba la dueña.

—Abá, ñora, contestaba un estudiante que vivía en Parían,pusilau ya!

—¡Pusilau! Nakú ! no pa ta pagá conmigo su deuda!

—Ay! no jablá vos puelte, ñora, baká pa di queda vos cóm-plice. ¡Ya quema yo ka el libro que ya dale prestau conmigo!Baká pa di riquisá y di encontrá! andá vos listo, ñora!

— ¿Ta quedá dice preso Isagani?

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baligtád ang bulsá