Capítulo 25: Llantos - Page 4 of 6

—¡Respeto á los menores, respeto á las víctimas! gritó envoz hueca Pecson levantando en el aire un hueso de gallina.

—Dediquemos el pansit al chino Quiroga, uno de los cuatropoderes del mundo filipino! propuso Isagani.

— No, á la Eminencia Negra!

—Silencio! exclamó uno con misterio; en la plaza hay gruposque nos contemplan y las paredes oyen.

En efecto, grupos de curiosos estacionab:an delante de lasventanas, mientras que la algazara y la risa en los estableci-mientos contiguos habían cesado por completo, como si prestasenatencion á lo que pasaba en el banquete. El silencio tenía algode estraordinario.

— Tadeo, pronuncia tu discurso! le dijo en voz baja Makaraig.

Se había convenido que Sandoval; como el que más cualidadesde orador tenía, resumiría los brindis.

Tadeo, perezoso corno siempre, nada había preparado y seveía en un apuro. Mientras aspiraba un largo sotanjun, pensabaen cómo salir del paso, hasta que recordó un discurso aprendidoen la clase y se dispuso á plagiarlo y adulterarlo.

—¡Queridos hermanos en proyecto! comenzó gesticulandocon los dos palitos de comer que usan los chinos.

— Animal! suelta el sípit que me has despeinado! dijo unvecino.

—Llamado por vuestra eleccion á llenar el vacío que hadejado en »...

— Plagiario! le interrumpió Sandoval; ese discurso es delpresidente de nuestro Liceo!

—« Llamado por vuestra eleccion, — continuó Tadeo im-perturbable, — á llenar el vacío que ha dejado en mi... mente (yse señaló el abdómen) un varon ilustre por su doctrina cristianay por sus occurrencias y proyectos merecedor de tener unpoquito más de memoria, ¿qué podrá deciros quien como yotiene mucha hambre porque no ha almorzado?

—¡Toma un cuello, chicooó! díjole el vecino presentándoleun cuello de gallina.

—« Hay un plato, señores, tesoro de un pueblo que es hoyfábula y ludibrio de la tierra, en donde han ido á meter suhambrienta cucharada los más grandes tragones de las regionesoccidentales del globo... •

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nag-íisáng kákawág-kawág