Capítulo 21: Tipos Manilenses - Page 2 of 8

—El francés me ha gratificado muy bien, decía sonriendo yenseñando sus pintorescas encías que parecian una calle despuesde un incendio ; he tenido buena mano en pegar los carteles!

Camaroncocido volvió á encogerse de hombros.

—Quico, repuso en voz cavernosa, si te dan seis pesos por tutrabajo, ¿cuánto darán á ;os frailes?

Tio Quico con su vivacidad natural levantó la cabeza.

—A los frailes?

— Porque has de saber, continuó Camaroncocido, que todaesta entrada se la han procurado los conventos!

En efecto, los frailes, á su cabeza el P. Salví y algunos se-glares capitaneados por don Custodio se habían opuesto á seme-jantes representaciones. El P. Camorra que no podía asistirencandilaba los ojos y se le hacía agua la boca, pero disputabacon Ben Zayb que se defendía debilmente pensando en losbilletes gratis que le enviaría la empresa. Don Custodio le ha-blaba de moralidad, de religion, buenas costumbres etc.

—Pero, balbuceaba el escritor, si nuestros sainetes con susjuegos de palabras y frases de doble sentido...

— Pero al menos están en castellano! le interrumplagritandoel virtuoso concejal, encendido en santa ira; ¡obscenidades enfrancés, hombre, Ben Zayb, por Dios, en francés!!! Eso, jamás!

Y decía el jamás! con la energía de un triple Guzman á quienle amenazasen con matarle una pulga si no rendía veinte Tari-fas. El P. Irene naturalmente opinaba como don Custodio yexecraba las operetas francesas. Pfui! El había estado en Paris,pero ni siquiera pisó la acera de un teatro, Dios le libre!

Pero la opereta francesa contaba tambien con numerosos parti-darios. Los oficiales del ejército y de la armada, entre ellos losayudantes del General, los empleados y muchos grandes señores estaban ansiosos de saborear las delicadezas de la lengua fran-cesa en boca de legítimas parisiennes; uníanse á ellos los queviajaron por las M. M. y chapurrearon un poco de francésdurante el viaje, los que visitaron Paris y todos aquellos quequerían echárselas de ilustrados. Dividióse pues la sociedad deManila en dos bandos, en operetistas y antioperetistas que sevieron secundados por señoras de edad, esposas celosas y cuida-dosas del amor de sus maridos, y por las que tenían novio,mientras las libres y las hermosas se declaraban furibundasoperetistas. Cruzáronse volantes y más volantes, hubo idas yvenidas, dimes y diretes, juntas, cabildeos, discusiones, se hablóhasta de insurreccion de los indios, de la indolencia, de razasinferiores y superiores, de prestigio y otras patrañas y despuesde mucha chismografía y mucha murmuracion, el permiso seconcedió y el P. Salví publicó una pastoral que nadie leyó sinoel corrector de la imprenta. Díjose que si el General riñó con lacondesa, si ésta pasaba su vida en las quintas de placer, si S. E.estaba aburrido, si el consul francés, si hubo regalos etc. etc. ydanzaron muchos nombres, el del chino Quiroga, el de Simouny hasta los de muchas actrices.

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