Capítulo 19: La Mecha - Page 7 of 7

— Dentro de algunos días, murmuró, cuando por sus cuatrocostados arda esa ciudad maldita, albergue de la nulidadpresumida y de la impía esplotacion del ignorante y del des-graciado; cuando el tumulto estalle en los arrabales y lancepor las calles aterradas mis turbas vengadoras, engendradaspor la rapacidad y los errores, entonces abriré los muros de tuprision, te arrancaré de las garras del fanatismo, y blanca palo-ma, serás el Fénix que renacerá de las candentes cenizas..! Unarevolucion urdida por los hombres en la oscuridad me ha arran-cado de tu lado; otra revolucion me traerá á tus brazos, meresuscitará y esa luna, antes que llegue al apogeo de suesplendor, iluminará las Filipinas, limpias de su repugnantebasura!

Simoun se calló de repente como entrecortado. Una vozpreguntaba en el interior de su conciencia si él, Simoun, noera parte tambien de la basura: de la maldita ciudad, acaso el fer-mento más deletéreo. Y como los muertos que han de resuscitaral son de la trompeta fatídica, mil fantasmas sangrientos, som-bras desesperadas de hombres asesinados, mujeres deshonradas, padres arrancados á sus familias, vicios estimulados y fomenta-dos, virtudes escarnecidas, se levantaban ahora al eco de lamisteriosa pregunta. Por primera vez en su carrera criminaldesde que en la Habana, por medio del Vicio y del soborno, quisofabricarse un instrumento para ejecutar sus planes, un hombresin fé, sin patriotismo y sin conciencia, por primera vez enaquella vida se rebelaba algo dentro de sí y protestaba contrasus acciones. Simoun cerró los ojos, y se estuvo algun tiempoinmóvil; despues se pasó la mano por la frente, se negó á miraren su conciencia y tuvo miedo. No, no quiso analizarse, le fal-taba valor para volver la vista hácia su pasado... Faltarle elvalor precisamente cuando el momento de obrar se acerca,faltarle la conviccion, la fé en sí mismo! Y como los fantasmasde los infelices en cuya suerte había él influido, continuabanflotando delante de sus ojos como si saliesen de la brillante super-ficie del rio é invadiesen el aposento gritándole y tendiéndolelas manos; como los reproches y los lamentos parecían quellenaban el aire oyéndose amenazas y acentos de venganza,apartó su vista de la ventana y acaso por primera vez empezó,á temblar.

— No, yo debo estar enfermo, yo no debo sentirme bien, mur-muró; muchos son los que me odian, los que me atribuyen sudesgracia, pero....

Y sintiendo que su frente ardía, levantóse y se acercó á laventana para aspirar la fresca brisa de la noche. A sus piesarrastraba el Pasig su corriente de plata, en cuya superficiebrillaban perezosas las espumas, giraban, avanzaban y retro-cedían siguiendo el curso de los pequeños torbellinos. La ciudadse levantaba á la otra orilla y sus negros muros aparecíanfatídicos, misteriosos, perdiendo su mezquindad á la luz de laluna que todo lo idealiza y embellece. Pero Simoun volvió áestremecerse; le pareció ver delante de sí el rostro severo de supadre, muerto en la carcel pero muerto por hacer el bien, y elrostro de otro hombre más severo todavía, de un hombre quehabía dado su vida por él porque creía que iba á procurar laregeneracion de su país.

— No, no puedo retroceder, exclamó enjugando el sudor desu frente; la obra está adelantada y su éxito me va á justificar...Si me hubiese portado como vosotros, habría sucumbido...Nada de idealismos, nada de falaces teorías!. Fuego y acero al ncancer, castigo al vicio, y rómpase despues si es malo el instru-mento! No, yo he meditado bien, pero ahora tengo fiebre... mirazon vacila... es natural... si he hecho el mal es con el finde hacer el bien y el fin salva los medios... Lo que haré es noesponerme...

Y con el cerebro trastornado acostóse y trató de conciliar elsueño.

Plácido, á la mañana siguiente, escuchó sumiso y con lasonrisa en los labios el sermon de su madre. Cuando ésta lehabló de sus proyectos de interesar al procurador de los agus-tinos, no protestó, ni se opuso, antes al contrario, se ofreció élmismo á hacerlo para evitar molestias á su madre á quiensuplicaba se volviese cuanto antes á la provincia, si pudieseser, aquel mismo día. Cabesang Andang le preguntó por qué.

— Porque.. porque si el procurador llega á saber que estáusted aquí no lo hará sin que antes usted le envié un regalo yalgunas misas.

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ibaón sa limot