Capítulo 18: Supercherias - Page 4 of 7

—¿Y cómo no? contestó Mr. Leeds muy complaciente.

Y levantando con la mano derecha la caja, recogió con laizquierda el paño descubriendo completamente la mesa, soste-nida sobre sus tres piés. Volvió á colocar la caja encima, enel centro, y con mucha gravedad se acercó al público.

—¡Aquí le quiero ver ! decía Ben Zayb á su vecino; veráusted como se sale con alguna excusa.

La atencion más grande se leía en los rostros de todos; elsilencio reinaba. Se oían distintamente el ruido y la algazarade la calle, pero estaban todos tan emocionados que un trozode diálogo que llegó hasta ellos, no les causó ningun efecto.

—¿Porque ba no di podí nisós entrá? preguntaba una voz demujer.

—Abá, ñora, porque 'talla el maná prailes y el maná empleau,contestó un hombre; 'ta j así solo para ilós el cabesa de espinge.

—¡Curioso tambien el maná prailes! dijo la voz de mujeralejándose; no quiere pa que di sabé nisos cuando ilos ta salíingañau! Cosa! querida ba de praile el cabesa?

En medio de un profundo silencio, y con voz emocionadaprosiguió el americano :

— Señoras y señores: con una palabra voy ahora á reanimarel puñado de cenizas y ustedes hablarán con un ser que conocelo pasado, lo presente, y mucho del porvenir!

Y el mágico lanzó lentamente ,un grito, primero plañidero,luego enérgico, mezcla de sonidos agudos como imprecaciones,y de notas roncas como amenazas que pusieron de punta loscabellos de Ben Zayb.

—iDeremof! dijo el americano.

Las cortinas en torno del salon se agitaron, las lámparasamenazaron apagarse, la mesa crugió. Un gemido debil con-testó desde el interior de la caja. Todos se miraron pálidos éinquietos : una señora llena de terror y sintiendo un líquidocaliente dentro de su traje, se cogió al P. Salví.

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