Capítulo 16: Las Tribulaciones De Un Chino - Page 7 of 8

— En eso opino como la señora, dijo su vecina, ¿para quédarles zapatos si han nacido sin ellos?

—Y para qué camisa?

—Y para qué pantalones ?

—¡Figúrese usted lo que ganariamos con un ejército encueros! concluyó el que defendía á los soldados.

En otro grupo la discusion era más acalorada. Ben Zaybhablaba y peroraba, el P. Camorra como siempre le interrumpíaá cada instante. El periodista-fraile, apesar de todo su respeto ála gente de cogulla, se las tenía siempre con el P. Camorra áquien consideraba como un semi-fraile muy simple; asi se dabaaire de ser independiente y deshacía las acusaciones de los quele llamaban Fray Ibañez. Al P. Camorra le gustaba su adver-sario: era el único que tomaba en serio lo que el llamabasus razonamientos.

Se trataba de magnetismo, espiritismo, magia, etc. y las pala-bras volaban por el aire como los cuchillos y las bolas de losjuglares : ellos los arrojaban y ellos los recogían.

Aquel año llamaba mucho la atencion en la feria de Kiapóuna cabeza, mal llamaba esfinge, espuesta por Mr. Leeds, unamericano. Grandes anuncios cubrían las paredes de las casas,misteriosos y fúnebres, que excitaban la curiosidad. Ni Ben Zayb,ni el P. Camorra, ni el P. Irene, ni el P. Salví la habían vistoaun; solo Juanito Pelaez estuvo á verla una noche y contabaen el grupo su admiracion.

Ben Zayb, á fuer de periodista, quería buscar una explicacionnatural; el P. Camorra hablaba del diablo; el P. Irene sonreía,el P. Salví se mantenía grave

— Pero, Padre, si el diablo ya no viene; nos bastamos paracondenarnos...

—De otro modo no se puede explicar...

— Si la ciencia...

—¡Dale con la ciencia! puñales!

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