Capítulo 56: Lo Que Se Dice Y Lo Que Se Cree - Page 6 of 6

- ¡Todavía duerme el hombre! –dice el directorcillo con burla-; habrá que vaciarle agua encima.

Los circunstantes volvieron a reír.

El campesino dejó el sitio donde tan mal papel había jugado, y se dirigió a la iglesia. En la sacristía preguntó por el sacristán mayor.

- ¡Duerme aún! –le contestaron groseramente- ¿no sabéis que anoche saquearon el convento?.

- Esperaré a que despierte.

Miráronle los sacristanes con esa grosería propia de gentes acostumbradas a ser mal tratadas.

En un rincón, que quedaba en sombras, dormía el tuerto en una silla larga. Los anteojos estaban colgados sobre la frente entre los largos mechones de pelos; el pecho, escuálido y raquítico, estaba desnudo y se elevaba y deprimía con regularidad.

El campesino sentase cerca, dispuesto a aguardar pacientemente, pero se le cae una moneda y va a buscarla, ayudado de una vela, debajo del sillón del sacristán mayor. El campesino nota también simientes de amores-secos en el pantalón y en las mangas de la camisa del dormido que despierta al fin, se restrega el único ojo sano e increpa al hombre con bastante mal humor.

- ¡Quería mandar decir una misa, señor! –contesta en tono de disculpa.

- Ya se han concluido todas las misas –dice entonces el tuerto dulcificando un poco su acento-; si quieres para mañana... ¿es para las almas del Purgatorio?.

- No, señor –contestó el campesino dándole un peso.

Y mirándole fijamente en el único ojo, añadió:

- Es para una persona que pronto va a morir.

Y abandonó la sacristía.

- ¡Le hubiera podido pillar anoche! –dijo suspirando mientras se quitaba el parche y se enderezaba para recobrar la cara y la estampa de Elías.

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malakíng tao