Capítulo 14: Tasio El Loco O El Filósofo - Page 5 of 5

- ¡Diantre con S. Agustín! -exclamó D.Filipo- ¡no estaba satisfecho con lo que aquí sufrimos y quería la continuación!.

- Pues así andaba la cosa; unos creían y otros no. Sin embargo, de que S. Gregorio lo llegó ya a admitir en su de quibusdam levibus culpis esse ante judicium purgatorius ignis credendus est [16], nada hubo sobre ello definitivo hasta el año 1439, esto es, ocho siglos más tarde, en que el Concilio de Florencia declaró que debía existir un fuego purificador para las almas de los que han muerto en el amor de Dios, pero sin haber satisfecho aún a la Justicia divina. Últimamente el Concilio Tridentino, bajo Pío IV en 1563, en la sesión XXV dio el decreto del Purgatorio que empieza: Cum católica ecclesia, Spiritu Sancto edocta, etc. [17], en donde dice que los sufragios de los vivos, las oraciones, limosnas y otras obras piadosas eran los medios más eficaces de librar a las almas, si bien antepone a todo el sacrificio de la misa. Los protestantes no creen sin embargo en él y los Padres griegos tampoco, pues echan de menos un fundamento cualquiera bíblico y dicen que el plazo para el mérito o demérito termina a la muerte y que el Quodcunque ligaberis in terra no quiere decir usque ad purgatorium, [18] etc.: pero esto se puede contestar que estando el Purgatorio en el centro de la tierra, caía naturalmente bajo el dominio de S. Pedro. Pero no acabaría si tuviese que decir aquí todo lo que sobre el asunto se ha dicho. Un día que queráis discutir conmigo la materia, venid a mi casa y allá abriremos volúmenes y discutiremos libre y tranquilamente. Ahora me voy: yo no sé por qué esta noche la piedad de los cristianos permite el robo, Uds. las autoridades lo dejan, y yo temo por mis libros. Si me los robasen para leerlos, lo dejaría, pero sé que muchos los quieren quemar para hacerme una obra de caridad y esta clase de caridad, digna del califa Omar, [19] es temible. Algunos por estos libros me creen ya condenado...

- ¿Pero supongo que creerá en la condenación? –preguntó sonriendo Doray, que aparecía llevando en un braserillo hojas secas de palma que despedían humo fastidioso y agradable perfume.

- ¡Yo no sé, señora, lo que de mi hará Dios! –respondió el viejo Tasio pensativo-. Cuando esté agonizando, me entregaré a Él sin temor; haga de mí lo que quiera. Pero se me ocurre un pensamiento.

- Y ¿qué pensamiento es ése?.

- Si los únicos que pueden salvarse son los católicos y de entre éstos un cinco por ciento, como dicen muchos curas, y formando los católicos una duodécima parte de la población de la tierra si hemos de creer lo que dicen las estadísticas, resultaría que después de haberse condenado millares de millares de hombres durante los innumerables siglos que transcurrieron antes que el Salvador viniese al mundo, ¿después que un hijo de Dios se ha muerto por nosotros, ahora sólo conseguiría salvarse cinco por cada mil doscientos?. ¡Oh, ciertamente no!, prefiero decir y creer con Job: ¿Serás severo contra una hoja que vuela y perseguirás una arista seca?. ¡No, tanta desgracia es imposible, creerlo es blasfemar, no, no!.

- ¿Qué quiere Ud.?. La Justicia, la Pureza divina...

- ¡Oh!, ¡pero la Justicia y la Pureza divina veían el porvenir antes de la creación! –contestó el viejo estremeciéndose y levantándose-. La creación, el hombre es un ser contingente y no necesario, y ese Dios no debía haberle criado, no, si para hacer feliz a uno debía condenar a centenares a una eterna desgracia, y todo por culpas heredadas o de un momento. ¡No!. Si eso fuera cierto, ahogue Ud. a su hijo que allí duerme; ¡si tal creencia no fuese una blasfemia contra ese Dios que debe ser el Supremo Bien, entonces el Molok7 fenicio, que se alimentaba con sacrificios humanos y sangre inocente, y en cuyas entrañas se quemaba a los niños arrancados del seno de sus madres, ese dios sanguinario, esa divinidad horrible sería al lado de él una débil doncella, una amiga, la madre de la Humanidad!.

Y lleno de horror, el loco o el filósofo abandonó la casa, corriendo a la calle a pesar de la lluvia y de la oscuridad.

Un deslumbrador relámpago acompañado de un espantoso trueno, sembrando el aire de mortíferas chispas, alumbró al viejo que, tendidas las manos al cielo, gritaba:

- ¡Tú protestas!. ¡Ya sé que no eres cruel, ya sé que sólo debo llamarte El Bueno!.

Los relámpagos redoblaban, la tempestad arreciaba...

[16] En latín, 'hay que creer que antes del juicio hay un purgatorio de fuego para ciertas faltas leves.'

[17] En latín, 'Como quiera que la iglesia católica, instruída por el Espíritu Santo.' Los decretos de los concilios y las directivas oficiales de los papas a la iglesia se redactan en latín hasta hoy dia y llevan por título las primeras palabras del documento.

[18] En latín, 'lo que atáreis en la tierra' y 'hasta el purgatorio.'

[19] Se cuenta de este califa que al tomar la ciudad de Alejandría, con la mayor biblioteca de la antigüedad donde se conservaba en manuscritos toda la sabiduría de la Grecia antigua, exclamó: todo lo que hay en esta biblioteca o dice lo que está en el corán y entonces sobra, o dice lo contrario del corán y entonces hay que quemarla. Y el muy animal la quemó...

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