Capítulo 39: Conclucion - Page 6 of 8

— Lo sabía, murmuró el enfermo, y por eso excitaba latiranía...

— Sí, amigo mío, pero se derramaban más líquidos corrom-pidos que otra cosa! Usted fomentaba la podredumbre social sin sembrar una idea. De esa fermentacion de vicios solo podíasurgir el hastío y si naciese algo de la noche á la mañana, sería á lo más un hongo, porque espontáneamente solo hongos pueden

nacer de la basura. Cierto que los vicios de un gobierno le sonfatales, le causan la muerte, pero matan tambien á la sociedaden cuyo seno se desarrollan. A gobierno inmoral corresponde un

pueblo desmoralizado, á administracion sin conciencia, ciuda-danos rapaces y serviles en poblado, bandidos y ladrones en lasmontañas! Tal amo, tal esclavo. Tal gobierno, tal país.

Reinó una corta pausa.

—Entonces ¿qué hacer? preguntó la voz del enfermo.

—Sufrir y trabajar!

— Sufrir.. trabajar..! repitió el enfermo con amargura; ah!facil es decirlo cuando no se sufre... cuando el trabajo sepremia!.. Si vuestro Dios exige al hombre tanto sacrificio,al hombre que apenas puede contar con el presente y duda delmañana; si hubiese usted visto lo que yo, miserables, desgracia-dos sufriendo indecibles torturas por crímenes que no han come-tido, asesinatos para tapar agenas faltas ó incapacidades, pobrespadres de familia, arrancados de su hogar para trabajar inútil-mente en carreteras que se descomponen cada mañana y queparece solo se entretienen para hundir á las familias en lamiseria.. ah! sufrir.. trabajar... es la voluntad de Dios! Con-venza usted á esos de que su asesinato es su salvacion, de quesu trabajo es la prosperidad de su hogar! Sufrir... trabajar...Qué Dios es ése?

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malambót ang ulo