Capítulo 27: El Fraile Y El Filipino - Page 7 of 8

—Sí, que algo les obliga á estudiar, replicó en el mismotono Isagani mirando cara á cara al dominico. Aparte deldeber de cada uno de buscar su perfeccion, hay el deseoinato en el hombre de cultivar su inteligencia, deseo aquí máspoderoso cuanto más reprimido; y el que da su oro y su vidaal Estado, tiene derecho á exigirle que le dé la luz para ganarmejor su oro y conservar mejor su vida. Sí, Padre; hay algoque les obliga, y ese algo es el mismo gobierno, son ustedesmismos que se burlan sin compasion del indio no instruidoy le niegan sus derechos, fundándose en que es ignorante. ¡Us-tedes le desnudan y luego se burlan de sus vergüenzas!

El P. Fernandez no contestó; siguió paseándose pero febril-mente, como muy excitado.

—Usted dice que los campos no están cultivados! continuóIsagani en otro tono, despues de una breve pausa; no entremosahora á analizar el por qué, porque nos iríamos lejos; pero,usted, P. Fernandez, usted, profesor, usted, hombre de ciencia,usted quiere un pueblo de braceros, de labradores! ¿Es parausted el labrador el estado perfecto á que puede llegar elhombre en su evolucion? ¿O es que quiere usted la cienciapara sí y el trabajo para los demás?

—No, yo quiero la ciencia para el que se la merezca, parael que la sepa guardar, contestó; cuando los estudiantes denpruebas de amarla; cuando se vean jóvenes convencidos,jóvenes que sepan defender su dignidad y hacerla respetar,habrá ciencia, habrá entonces profesores considerados! Si hayprofesores que abusan es porque hay alumnos que condes-cienden!

—Cuando haya profesores, habrá estudiantes !

—Empiezen ustedes por trasformarse, que son los quetienen necesidad de cambio, y nosotros seguiremos.

—Sí, dijo Isagani con risa amarga; que empecemos porquepor nuestro lado está la dificultad! Bien sabe usted lo que leespera al alumno que se pone delante de un profesor: ustedmismo, con todo su amor á la justicia, con todos sus buenossentimientos, ha estado conteniéndose á duras penas cuandoyo le decía amargas verdades, ¡usted mismo, P. Fernandez!

¿Qué bienes ha sacado el que entre nosotros quiso sembrarotras ideas? Y ¿qué males han llovido sobre usted porque quiso.ser bueno y cumplir con su deber?

— Señor Isagani, dijo el dominico, tendiéndole la mano;aunque parezca que de esta conversacion nada práctico re-sulta, sin embargo algo se ha ganado; hablaré á mis hermanosde lo que usted me ha dicho y espero que algo se podrá hacer.Solo temo que no crean en su existencia de usted...

— Lo mismo me temo, repuso Isagani, estrechando la manodel dominico; me terno que mis amigos no crean en su existenciade usted, tal corno hoy se me ha presentado.

Y el joven, dando por terminada la entrevista, se despidió.

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malakí ang loób