Capítulo 31: El Sermón - Page 4 of 5

De la 2ª parte del sermón, o sea, del tagalo, no tenemos más que ligeros apuntes. El P. Dámaso improvisaba en este idioma, no porque lo poseyese mejor, sino porque, teniendo a los filipinos de provincias por ignorantes en retórica, no temía cometer disparates delante de ellos. Con los españoles ya era otra cosa: había oído hablar de reglas de la oratoria y entre sus creyentes podía haber alguno que hubiese saludado las aulas, acaso el señor Alcalde Mayor; por lo cual escribía sus sermones, los corregía, los limaba y después se los aprendía de memoria y se ensayaba unos dos días antes.

Es fama que ninguno de los presentes comprendió el conjunto del sermón: eran tan obtusos de entendimiento y el predicador era tan profundo, como decía Hermana Rufa, así que el auditorio esperó en vano una ocasión para llorar y la condenada nieta de la vieja beata volvió a dormirse.

No obstante esta parte tuvo más consecuencias que la primera, al menos para ciertos oyentes, como veremos más adelante.

Empezó con un Maná capatir con cristiano [6] al que siguió una avalancha de frases intraducibles; habló del alma, del Infierno, del mahal na santo pintacasi, [7] de los pecadores indios y de los virtuosos Padres Franciscanos.

- ¡Menche! –dijo uno de los irreverentes manileños a su compañero-; eso está en griego para mí, yo me voy.

Y viendo cerradas las puertas, se salió por la sacristía con gran escándalo de la gente y del predicador, que se puso pálido y se detuvo a la mitad de su frase; algunos esperaban una violenta apóstrofe, pero el P. Dámaso se contentó con seguirle con la vista y prosiguió su sermón.

Se desencadenaron maldiciones contra el siglo, contra la falta de respeto, la naciente irreligiosidad. Este asunto parecía su fuerte, pues se mostraba inspirado y se expresaba con fuerza y claridad. Habló de los pecadores que no se confiesan, que mueren en las cárceles sin sacramentos, de familias malditas, de mesticillos orgullosos y soplados, de jóvenes sabihondos, filosofillos o pilosopillos, [8] de abogadillos, estudiantillos, etc. Conocida es la costumbre que tienen muchos cuando quieren ridiculizar a sus enemigos: sacan para todo la terminación en illo porque el cráneo parece no dar otra cosa y se quedan muy felices.

Ibarra oía todo y comprendía las alusiones. Conservando una aparente tranquilidad, buscaba con los ojos a Dios y a las autoridades, pero allí no había más que imágenes de santos, y el Alcalde dormitaba.

Entretanto el entusiasmo del predicador subía por grados. Hablaba de los antiguos tiempos en que todo filipino, al encontrar un sacerdote, se descubría, doblaba una rodilla en tierra, y le besaba la mano. “¡Pero ahora –añadía- sólo os quitáis el salakot o el sombrero de castorcillo, que colocáis medio ladeado sobre vuestra cabeza para no desarreglar el peinado!. Os contestáis con decir: ¡buenos días, among! [9], y hay orgullosos estudiantillos de poco latín, que por haber estudiado en Manila o en Europa se creen con derecho de estrecharnos la mano en lugar de besarla... ¡Ah!, el día del juicio pronto viene, el mundo se acaba, muchos santos lo han profetizado, ¡va a llover fuego, piedra y ceniza para castigar vuestra soberbia!”.

Y exhortaba al pueblo a que no imitase a esos salvajes, sino que los huyese y aborreciese, porque estaban excomulgados.

- ¡Oíd lo que dicen los santos concilios! –decía-. Cuando un indio encontrare en la calle a un cura, doblará la cabeza y ofrecerá el cuello para que el among se apoye en él; si el cura y el indio van a caballo ambos, entonces el indio se parará, se sacará el salakot o sombrero reverentemente; en fin, si el indio va a caballo y el cura a pie, el indio bajará del caballo y no volverá a montar hasta que el cura le diga ¡sulung!, [10] o esté ya muy lejos. Esto dicen los santos concilios y el que no obedezca estará excomulgado”.

- Y ¿cuándo uno monta un carabao? –preguntaba un escrupuloso labriego a su vecino.

- Entonces... ¡sigue adelante! –contesta éste que era un casuista.

[6] Mal pronunciado tagalog que significa 'mis hermanos cristianos.' Usando el mismo abecedario que Rizal lo correcto hubiera sido 'mañga capatid cong cristiano' (hoy 'mga kapatid kong kristiyano'.) En el primer capítulo de la novela hubo acasión de notar la dureza de la lengua de Fr. Dámaso para los idiomas, Rizal es consistente con sí mismo y aplica una pincelada más del mismo tono.

[7] En tagalog, querido santo patrón, esta vez dicho sin trabucarse.

[8] 'Pilosopillo' es manera común de expresarse por la dificultad que tienen muchos filipinos para pronunciar el sonido de la letra 'f' que la pronuncian como 'p.'

[9] Del español 'amo,' señor, usado en tagalog como adjetivo y por lo tanto con la desinencia 'ng.' La frase completa sería 'ámong pare' o 'ámong cura.'

[10] En tagalog, véte, puedes irte.

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mahangin ang ulo