Capítulo 4: Cabesang Tales - Page 6 of 6

Esta fué la mejor opinion y decidieron ponerla en práctica aquel mismo día. Hma Bali se prestó á acompañarla y ambas recorierron las casas de los ricos de Tiani, pero nadie aceptaba la condicion ; el pleito decían estaba perdido y favorecer á un enemigo de frailes era exponerse á sus venganzas. Al fin una vieja devota se compadeció de su suerte prestó la cantidadá condicion de que Julî se quedase con ella á servir hasta tanto que no se pagase la deuda. Por lo demás Julî no tenía mucho que hacer; coser, rezar, acompañarla á misa, y ayunar de cuando en cuando por ella. La joven aceptó con lágrimas en los ojos, recibió el dinero prometiendo entrar al día siguiente, día de la Pascua, á su servicio.

Cuando el abuelo supo aquella especie de venta púsose á llorar como un chiquillo. ¿Cómo? aquella nieta suya que él no de aba ir al sol para que su cutis no se quemase, Juli la de los dedos finos y talones de color de rosa, cómo ? aquella joven, la más hermosa del barrio y quizás del pueblo, delante de cuyas ventanas muchos vanamente han pasado la noche tocando y cantando, cómo? su única nieta, su única hija, la única alegría de sus cansados ojos, aquella que él soñaba vestida de cola, hablando el español y dándose aire con un abanico pintado como las hijas de los ricos, aquella entrar á servir de criada para que la riñan y la reprendan, para echar á perder sus dedos, para que duerma en cualquiera parte y se levanter de cualquiera manera?

Y el abuelo lloraba, hablaba de ahorcarse y dejarse morir de hambre.

—Si tú te vas, decía, vuelvo al bosque y no pongo los pies en el pueblo.

Julî le calmaba diciendo que era menester que su padre volviese, que ganarían el pleito y pronto la podrían rescatar de la servidumbre.

La noche fué triste : ninguno de los dos pudo probar un bocado y el viejo se obstinó en no acostarse pasando toda la noche sentado en un rincon, silencioso, sin decir una palabra, sin moverse siquiera. Julî por su parte quiso dormir, pero por mucho tiempo no pudo pegar los ojos. Algo más tranquila ya sobre la suerte su padre, ella pensaba en sí misma y lloraba y lloraba ahogando sus sollozos para que el viejo no los oyese. Al dia siguiente sería una criada, y era precisamente cuando Basilio solia llegar de Manila á traerla regalitos... En adelante tenía que renunciar á aquel amor; Basilio que pronto sera médico no debe casarse con una pobre... Y ella le veía en su imaginacion dirigirse á la iglesia en compañía de la más hermosa y rica muchacha del pueblo, bien vestidos, felices y sonriendo ambos, y mientras que ella, Julî, seguía detrás de su ama, llevando novenas, buyos y la escupidera. Y aquíla joven sentía un inmenso nudo en la garganta, una presion en el corazon y pedía á la Virgen la dejase antes morir.

—Pero, al menos, decía su conciencia, él sabrá que he preferido empeñarme á empeñar el relicario que él me ha regalado.

Este pensamiento la consolaba en algo y se hacía vanas ilusiones. ¿Quién sabe? puede suceder un milagro: encontrarse ella doscientos cincuenta pesos debajo de la imagen de la Virgen; había leido tantos milagros parecidos. El sol podia no salir y no venir el mañana y ganarse entretanto el pleito. Podía volver su padre, Basilio preséntarse; ella encontrarí aun talego de oro en la huerta, los tulisanes le enviarían el talego, el cura, el P. Camorra que siempre la embromaba, podía venir con los tulisanes.. sus ideas fueron cada vez más confusas y más desordenadas hasta que por fin rendida por la fatiga y el dolor se durmió soñando en su infancia en el fondo del bosque: ella se bañaba en el torrente en compañía de sus dos hermanos, había pececillos de todos colores que se dejaban coger como bobos y ella se impacientaba porque no encontraba gusto en coger unos pececillos tan tontos: Basilio estaba debajo del agua, pero Basilio sin saber ella el porqué, tenía la cara de su hermano Tanó. Su nueva ama les obseryaba desde la arilla.

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nagdaláng-awà