Capítulo 37: El Misterio - Page 3 of 5

—Virgen Santísima! Este señorito...

—Susmariosep! exclamó Capitana Loleng; todos nuestrosdeudores estaban allí; susmariosep ! Y allí cerca tenemos unafinca! ¿Quién podrá ser...

—Ahora lo sabrán ustedes, añadió Chichoy en voz baja, peroes menester que guarden el secreto. Esta tarde me encontré conun amigo, escribiente en una oficina, y hablando del asunto, meha dado la clave : lo ha sabido por unos empleados... Quiéncreen ustedes que ha puesto los sacos de pólvora?

Muchos se encogieron de hombros; solo Capitan Toringoymiró de soslayo á Isagani.

— Los frailes?

—El chino Quiroga?

—Algun estudiante?

—Makaraig?

Capitan Toringoy tosía y miraba á Isagani.

Chichoy sacudió la cabeza sonriendo.

—El joyero Simoun!

— Simoun!!!

Un silencio, producido por el asombro, sucedió á estas pala-bras. Simoun, el espíritu negro del Capitan General, el riquí-simo comerciante en cuya casa iban para á comprar piedrassueltas, Simoun que recibía á las señoritas de Orenda conmucha finura y les decía finos cumplidos! Por lo mismo que laversion parecia absurda, fué creída. Credo quia absurdum, decíaS. Agustin.

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mahangin ang ulo