Capítulo 31: El Alto Empleado - Page 3 of 3

—¡Tu tu tu tu! El pais, ¿qué tengo yo que ver con el pais?He contraido por ventura compromisos con él ?

Le debo yo micargo? Fué él quien me ha elegido?

Hubo un momento de pausa. El alto empleado tenía la cabezabaja. Despues, como si tomase una decision, la levantó, miróal General fijamente y, pálido y algo tembloroso, dijo conenergía reprimida :

—¡No importa, mi General, nada importa eso! V. E. no hasido elegido por el pueblo filipino sino por España, razon demás para que V. E. trate bien á los filipinos para que no puedanreprochar nada á España! Razon de más, mi General V. E. alvenir aquí ha prometido gobernar con justicia, buscar el bien...

— ¿Y no lo estoy haciendo? preguntó exasperado S. E. dandoun paso; ¿no le he dicho á usted que saco del bien de uno el biende todos? Me va usted ahora á dar lecciones? Si usted no com-.prende mis actos ¿qué culpa tengo yo? Le fuerzo acaso á queparticipe de mi responsabilidad?

—Sin duda que no! replicó el alto empleado irguiéndose conaltanería; V. E. no me fuerza, V. E. no me puede forzará mí,á mí á que participe de su responsabilidad! La mía la entiendode otra manera, y porque la tengo, voy á hablar pues me hecallado por mucho tiempo. Oh, no haga V. E. esos gestosporque el que aquí haya yo venido con este ó aquel cargo noquiere decir que abdique de mis derechos y me reduzca alal papel de esclavo, sin voz ni dignidad! Yo no quiero queEspaña pierda este hermoso imperio, esos ocho millones desúbditos sumisos y pacientes que viven de desengaños y espe-ranzas; pero tampoco quiero manchar mis manos en su esplotacion inhumana, no quiero que se diga jamás que, destruidala trata, España la ha continuado en grande cubriéndola consu pabellon y perfeccionándola bajo un lujo de aparatosasinstituciones. No, España para ser grande no tiene necesidadde ser tirana; España se basta á sí misma, España era másgrande cuando solo tenía su territorio, arrancado de las garrasdel moro! Yo tambien soy español, pero antes que español soyhombre y antes que España y sobre España está su honra, estanlos altos principios de moralidad, los eternos principios de lainmutable justicia! Ah, usted se asombra de que piense así,porque usted no tiene idea de la grandeza del nombre español,no la tiene usted, no; usted lo identifica con las personas, conlos intereses; para usted el español puede ser pirata, puede serasesino, hipócrita, falso, todo, con tal de conservar lo que tiene;para mí, el español debe perderlo todo, imperio, poderío,riquezas, todo, todo antes que el honor! Ah, señor mio! Noso-tros protestamos cuando leemos que la fuerza se antepone alderecho, y aplaudimos cuando en la práctica la vemos hipó-crita no solo torcerlo sino ponerlo á su servicio para impo-nerse... Por lo mismo que amo á España, hablo aquí y desafioeI fruncimiento de sus cejas! Yo no quiero que en las edadesvenideras sea acusada de madrastra de naciones, vampiro depueblos, tirana de pequeñas islas, porque sería horribleescarnio á los nobles propósitos de nuestros antiguos reyes!Cómo cumplimos con su sagrado testamento? Prometieron áestas islas amparo y rectitud y jugamos con las vidas y liber-tades de' sus habitantes ; prometieron civilizacion y se laescatimamos, temiendo que aspiren á más noble existencia;les prometieron luz, y les cegamos los ojos para que no veannuestra bacanal ; prometieron enseñarles virtudes y fomen-tamos sus vicios y, en vez de la paz, de la riqueza y la justicia,reina la zozobra, el comercio muere y el escepticismo cundeen las masas. Pongámonos en lugar de los filipinos y pregunté-monos qué haríamos en su caso! Ay! en su silencio de ustedleo su derecho de sublevarse, y si las cosas no se mejoran se su-blevarán un día y á fé que la justicia estará de su parte y conella las simpatias de todos los hombres honrados, de todos lospatriotas del mundo! Cuando á un pueblo se le niega la luz,el hogar, la libertad, la justicia, bienes sin los cuales no esposible la vida y por lo mismo constituyen el patrimonio del hombre, ese pueblo tiene derecho para tratar al que así ledespoja como al ladron que nos ataja en el camino : no valendistingos, no valen escepciones, no hay más que un hecho, unapropiedad, un atentado y todo hombre honrado que no vaya departe del agredido, se hace cómplice y mancha su conciencia.Sí, yo no soy militar, y los años van apagando el poco fuego demi sangre, pero así como me dejaría hacer pedazos por defen-der la integridad de España contra un invasor etrangero contra las veleidades injustificadas de sus provincias, así tam-bien le aseguro á usted que me pondría del lado de los filipinosoprimidos, porque antes prefiero sucumbir por los derechoshollados de la humanidad que triunfar con los intereses egoistasde una nacion aun cuando esta nacion se llamase como se llamaEspaña!...

—¿Sabe usted cuándo sale el correo? preguntó friamenteS. E. cuando el alto empleado hubo acabado de hablar.

El alto empleado le miró fijamente, despues bajó la cabeza yen silencio dejó el palacio.

En el jardin encontró su coche que le esperaba.

—Cuando un día os declareis independientes, dijo algoensimismado al lacayo indio que le abría la portezuela, acordaosde que en España no han faltado corazones que han latidopor vosotros y han luchado por vuestros derechos !

—Dónde, señor? contestó el lacayo que no le había com-prendido y preguntaba á donde tenían que ir.

Dos horas despues, el alto empleado presentaba su dimisiony anunciaba su vuelta á España por el próximo correo.

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nagkalát ng bahò