Capítulo 26: Pasquinadas - Page 5 of 6

—Pero ¿quién será el tonto que ha escrito semejantes pas-quines? preguntaba uno indignado.

— ¿Qué nos importa? contestaba Isagani; nosotros no tene-mos por qué averiguarlo, que lo averigüen ellos! Antes de saber cómo están redactados, nosotros no tenemos necesidadde hacer alardes de adhesion en los momentes como éste. Allídonde hay peligro, allí debemos acudir porque allí está elhonor! Si lo que dicen los pasquines está en armonía connuestra dignidad y nuestros sentimientos, quien quiera quelos haya escrito, ha obrado bien, debemos darle las gracias yapresurarnos á unir á la suya nuestras firmas! Si son indignosde nosotros, nuestra conducta y nuestra conciencia protestanpor sí solas y nos defienden de toda acusacion...

Basilio al oir semejante lenguaje, aunque quería mucho áIsagani, dió media vuelta y salió. Tenía que ir á casa de Maka-raig para hablarle del préstamo.

Cerca de la casa del rico estudiante, notó cuchicheos y señasmisteriosas entre los vecinos. El joven, no sabiendo de quese trataba, continuó tranquilamente su camino y entró en elportal. Dos guardias de la Veterana se le adelantaron pregun-tándole qué quería. Basilio comprendió que había obrado deligero, pero ya no podía retroceder.

—Vengo á ver á mi amigo Makaraig, contestó tranquila-mente.

Los guardias se miraron.

—Espérese usted aquí, díjole uno; espere usted á que bajeel cabo.

Basilio se mordió log labios, y las palabras de Simoun reso-naron otra vez en sus oidor... ¿Habrán venido á prender áMakaraig? pensó, pero no se atrevió á preguntarlo.

No esperó mucho tiempo; en aquel momento bajaba Maka-raig hablando alegremente con el cabo, precedidos ambos deun alguacil.

— ¿Cómo? usted tambien, Basilio? preguntó.

— Venía á verle...

—¡Noble conducta! dijo Makaraig riendo; en los tiemposde calma, usted nos evita...

El cabo preguntó á Basilio por su nombre, y hojeó unalista.

—¿Estudiante de Medicina, calle de Anloague? preguntó elcabo.

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