Capítulo 15: El Señor Pasta - Page 5 of 5

— Psch! y para qué más? contestó el viejo encogiéndose dehombros. Abogados los hay de sobra, muchos se meten á escri-bientes. Médicos? se insultan, se calumnian y se matan pordisputarse un enfermo... Brazos, señor, brazos son los quenecesitamos para la agricultura!

Isagani comprendió que perdía tiempo, pero quiso replicar.

—Indudablemente, contestó; hay muchos médicos y abo-gados, mas no diré que nos sobran pues tenernos pueblos quecarecen de ellos, pero si abundan en cantidad quizás nos faltanen calidad. Y, puesto que no se puede impedir que la juventudestudie y aquí no se nos presentan otras carreras ¿por qué dejarque malogren su tiempo y sus esfuerzos? Y si lo defectuosode la enseñanza no impide el que muchos se hagan abogados ómédicos, si los hemos de tener al fin, ¿por qué no tenerlosbuenos? Y con todo, aun cuando solo se quiera hacer del paísun país de agricultores, un país de braceros, y condenar en éltodo trabajo intelectual, no veo mal ninguno en ilustrar á estosmismos agricultores y braceros, en darles por lo menos unaeducacion que les permita despues perfeccionarse y perfeccionarsus trabajos, poniéndoles en estado de comprender muchas cosasque al presente desconocen.

— ¡Bah, bah, bah! exclamó el abogado trazando con la manocírculos en el aire como para ahuyentar las ideas evocadas; paraser buen cosechero no se necesitan tantas retóricas. Sueños,ilusiones, ideología! Ea! quiere usted seguir un conseja?

Y se levantó y poniéndole afectuosamente la mano sobre elhombro, continuó :

— Le voy á dar uno y muy bueno porque veo que es ustedlisto y el consejo no será perdido. Usted va á estudiar Medicina?Pues limítese á aprender cómo se ponen los emplastos y seaplican las sanguijuelas y no trate jamás de mejorar ó empeorar la suerte de sus semejantes. Cuando se reciba de licenciado,cásese con una muchacha rica y devota, trate de curar ycobrar bien; huya de toda cosa que tenga relacion con el estadogeneral del país, oiga misa, confiésese y comulgue cuando lohagan los demás, y verá usted como despues me lo agradeceráy yo lo veré si aun vivo. Acuérdese siempre de, que la caridadbien entendida empieza por sí mismo; el hombre no debebuscar en la tierra más que la mayor suma de felicidad propiacomo dice Bentham; si se mete usted en quijotismos ni tendrácarrerá, ni se casará, ni será nada. Todos le abandonarán y seránsus mismos paisanos los primeros que se reirán de su inocencia.Créame usted, usted se acordará de mí y me dará la razoncuando tenga canas como yo, canas como estas!

Y el viejo abogado se cogía sus pocos cabellos blancos son-riendo tristemente y agitando la cabeza.

— Cuando tenga canas como esas, señor, contestó Isaganicon igual tristeza, y vuelva la vista hácia mi pasado y vea quesolo he trabajado para mí, sin haber hecho lo que buenamentepodía y debía por el país que me ha dado todo, por los ciudadanosque me ayudan á vivir, entonces, señor, cada cana me será unaespina y en vez de gloriarme de ellas, ,me he de avergonzar!

Y dicho esto, saludó profundamente y salió.

El abogado se quedó inmóvil en su sitio, con la mirada atónita.Oyó los pasos que se alejaban poco á poco y volvió á sentarsemurmurando

— ¡Pobre joven! Tambien parecidós pensamientos cruzaronpor mi mente un día! Qué más quisieran todos que poder decir:he hecho esto por mi patria, he consagrado mi vida al bien delos demas..? ¡Corona de laurel, empapada en acíbar, hojas secasque cubren espinas y gusanos! Esa no es la vida, eso no da decomer, ni procura honores; los laureles apenas sirven para unasalsa... ni dan tranquilidad... ni hacen ganar pleitos, al contrario!Cada país tiene su moral como su clima y sus enfermedades;diferentes del clima y enfermedades de otros paises!

Y despues añadió :

— ¡Pobrejoven!... Si todos pensasen y obrasen como él, nodigo que no... ¡Pobre joven! Pobre Florentino!

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masamâ ang panahón