Capítulo 62: El P. Dámaso Se Explica - Page 2 of 3

La joven levantó hacia él sus ojos llenos de lágrimas, le miró algún rato y volvió a llorar amargamente.

- ¡No llores así, hija mía, que tus lágrimas me hacen daño!. Cuéntame tus penas; ¡verás cómo tu padrino te ama!.

María Clara se le acercó lentamente, cayó de rodillas a sus pies y levantando el semblante, bañado en llanto, le dijo en voz baja, apenas perceptible:

- ¿Me ama Ud. aún?.

- ¡Niña!.

- ¡Entonces... proteja Ud. a mi padre y rompa mi casamiento!.

Y la joven le refirió su última entrevista con Ibarra, ocultándole el secreto de su nacimiento.

El P. Dámaso apenas podía creer lo que oía.

- ¡Mientras él vivía –continuó la joven-, pensaba luchar, esperaba, confiaba!. Quería vivir para oír hablar de él..,. pero ahora que él ha muerto, ahora no hay razón para que viva y sufra.

Esto lo dijo ella lentamente, en voz baja, con calma, sin lágrimas.

- Pero, tonta, ¿no es Linares mil veces mejor que...

- Cuando él vivía, podía yo casarme... pensaba huir después... ¡mi padre no quiere más que el parentesco!. Ahora que él está muerto, ningún otro me llamará esposa... Cuando él vivía, podía yo envilecerme, quedábame el consuelo de saber que él existía y quizás pensaría en mí; ahora que él está muerto... el convento o la tumba.

El acento de la joven tenía una firmeza tal que el P. Dámaso perdió su aire alegre y se puso muy pensativo.

- ¿Le amabas tanto a él? –preguntó balbuceando.

María Clara no respondió. Fr. Dámaso inclinó la cabeza sobre el pecho y se quedó silencioso.

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mainit ang matá