Capítulo 22: Luces Y Sombras - Page 2 of 2

- ¡El viento es frío! –dijo-, cuando se coge un catarro no se le suelta hasta que venga el calor. ¿No temen Uds. resfriarse?.

Su voz era temblorosa y sus miradas se dirigían al lejano horizonte: no miraba a los jóvenes.

- ¡Por el contrario, la noche nos parece agradable y el viento delicioso! –contestó Ibarra-. En estos meses tenemos nuestro otoño y nuestra primavera; caen algunas hojas pero brotan siempre flores. [4]

Fr. Salví suspiró.

- Hallo muy hermoso el consorcio de estas dos estaciones sin que intervenga el frío invierno –continuó Ibarra-. En febrero brotarán las yemas en las ramas de los árboles frutales, y en marzo tendremos ya las frutas maduras. Cuando vengan los meses de calor nos iremos a otra parte.

Fr. Salví se sonrió. Empezaron a hablar de cosas indiferentes, del tiempo, del pueblo, de la fiesta; María Clara buscó un pretexto y se alejó.

- Y pues que hablamos de fiestas, permítame Ud. que le invite a la que celebramos mañana. Es una fiesta campestre que mutuamente nos damos nuestros amigos y nosotros.

- Y ¿en donde se hará?.

- Las jóvenes la desean en el arroyo que corre en el vecino bosque, cerca del baliti: [5] por eso nos levantaremos temprano para que no nos alcance el sol.

El religioso reflexionó; un momento después contestó:

- La invitación es muy tentadora y la acepto para probarle que ya no le guardo rencor. Pero tendré que ir más tarde, después que haya cumplido con mis obligaciones. ¡Feliz Ud. que está libre, enteramente libre!.

Minutos después Ibarra se despedía para cuidar de la fiesta del día siguiente. Era ya noche oscura.

En la calle se le acercó uno que le saludó reverentemente.

- ¿Quién sois? –preguntó Ibarra.

- No conocéis, señor, mi nombre –contestó el desconocido-. Os he estado esperando dos días.

- Y ¿por qué?.

- ¡Porque en ninguna parte se han apiadado de mí!, porque dicen que soy un bandido, señor. ¡Pero he perdido mis hijos, mi mujer está loca y todos dicen que merezco mi suerte!.

Ibarra examinó rápidamente al hombre y preguntó.

- ¿Qué queréis ahora?.

- ¡Implorar vuestra piedad para mi mujer y mis hijos!.

- No puedo detenerme, contestó Ibarra. Si queréis seguirme, caminando me podréis contar lo que os ha sucedido.

El hombre dio las gracias y pronto desaparecieron en las tinieblas de las mal alumbradas calles.

[4] En noviembre, después del fin de la estación de lluvias o monzón, empieza a refrescar el tiempo en Filipinas; seguirá enfriando hasta finales de Enero cuando el clima se hace paulatinamente más caliente hasta el verano que en Filipinas es en los meses de marzo y abril. Rizal recuerda el clima de su pueblo, Calamba, donde el lago al este y los bosques al suroeste conspiran para hacer el clima más agradable.

[5] Hoy deletreado 'balete,' es arbol frondoso de tronco cubierto por sus propias raices retorcidas. Su aspecto le hace sujeto de numerosos agüeros y supersticiones. Mucha gente huye de noche de calles flanqueadas de baletes a pesar del hermoso adorno que las prestan.

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patáy-dampót