Capítulo 17: La Feria De Kiapo - Page 2 of 4

— Vamos, Padre, pellízquese el vientre y déjenos en paz!decía mal humorado Ben Zayb.

—Qué moza, qué moza! repetía; y tiene por novio á mi estu-diante, el de los empujones!

— Fortuna tiene que no sea de mi pueblo! añadió despuesvolviendo varias veces la cabeza para seguirla con la mirada.Tentado estuvo de dejar á sus compañeros y seguir á la joven.Ben Zayb á duras penas pudo disuadirle.

Paulita seguía andando y se veía su hermoso perfil, su pequeñacabeza graciosamente peinada moverse con natural coquetería.

Nuestros paseantes continuaron su camino no sin suspiros departe del fraile-artillero, y llegaron á una tienda rodeada decuriosos, que facilmente les cedieron sus puestos.

Era una tienda de figuritas de madera, hechas en el país, querepresentaban en todos los tamaños y formas, tipos, razas yprofesiones del Archipiélago, indios, españoles, chinos, mestizos,frailes, clérigos, empleados, gobernadorcillos, estudiantes, mili-tares, etc. Sea que los artistas tuviesen más aficion á los sacer-dotes, los pliegues de cuyos hábitos les conviniesen más parasus fines estéticos, 6 que los frailes, desempeñando tanto papelen la sociedad filipina preocupasen más la mente del escultor,sea una cosa ú otra, el caso es que abundaban sus figuritas, muybien hechas, muy concluidas, representándoles en los mássublimes instantes de la vida, al revés de lo que se hace enEuropa donde se les pinta durmiendo sobre toneles de vino,jugando á las cartas, vaciando copas, refocilándose ó pasando lamano por la fresca cara de una muchachota. No: los frailes deFilipinas eran otros: elegantes, pulcros, bien vestidos, el cer-quillo bien cortado, las facciones regulares y serenas, la miradacontemplativa, espresion de santo, algo de rosa en las mejillas,baston de palasan en la mano y zapatitos de charol en los piés,que dan ganas de adorarlos y ponerlos bajo campanas de cristal.En vez de los símbolos de la gula é incontenencia de sus her-manos en Europa, los de Manila tenían el libro, el crucifijo, lapalma del martirio; en vez de besar á las simples campesinas,los de Manila daban de besar gravemente la mano á niños y áhombres ya maduros, doblados y casi arrodillados: en vez dela despensa repleta y del comedor, sus escenarios de Europa, enManila tenían el oratorio, la mesa de estudio; en vez del frailemendicante que va de puerta en puerta con su burro y su sacopidiendo limosna, el fraile de Filipinas derramaba á manos llenasel oro entre los pobres indios...

— Miren ustedes, aquí está el P. Camorra! dijo Ben Zayb áquien le duraba todavía el efecto del champagne.

Y señalaba el retrato de un fraile delgado, con aire medita-bundo, sentado junto á una mesa, la cabeza apoyada sobre lapalma de la mano y escribiendo al parecer un sermon. Una lám-para había para iluminarle.

Lo contrario del parecido hizo reir á muchos.

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parang kinalahig ng manók