Capítulo 3: La Cena - Page 3 of 3

- ¿Habla Ud. también inglés? –preguntó el dominico que había estado en Hong-Kong y hablaba bien el Pidgin-English, esa adulteración del idioma de Shakespeare por los hijos del Imperio Celeste.

- He estado un año en Inglaterra entre gentes que sólo hablaban el inglés.

- Y ¡cuál es el país que más le gusta a Ud. en Europa? –preguntó el joven rubio.

- Después de España, mi segunda patria, cualquier país de la Europa libre.

-Y Ud. que parece haber viajado tanto... vamos, ¿qué es lo mas notable que ha visto? –preguntó Laruja.

Ibarra pareció reflexionar.

- Notable ¿en que sentido?.

- Por ejemplo... en cuanto a la vida de los pueblos... vida social, política, religiosa, en general, en la esencia, en el conjunto...

Ibarra se puso a meditar largo rato.

- Francamente, de sorprendente en esos pueblos, quitando el orgullo nacional de cada uno... Antes de visitar un país, procuraba estudiar su historia, su Éxodo, si puedo decirlo, y después todo lo hallaba natural; he visto siempre que la prosperidad o la miseria de los pueblos están en razón directa de sus libertades o preocupaciones, y por consiguiente de los sacrificios y egoísmos de sus antepasados.

- Y ¿no has visto más que eso? –preguntó con risa burlona el franciscano, que desde el principio de la cena no había dicho una sola palabra, distraído tal vez por la comida-, ¡no valía la pena de malgastar tu fortuna para saber tan poca cosa: cualquier bata [31] de la escuela lo sabe!.

Ibarra se le quedó viendo sin saber qué decir: los demás, sorprendidos, miraban al uno y al otro, y temían un escándalo. “La cena toca a su fin y S.R. está ya harto”, iba a decir el joven, pero se contuvo y sólo dijo lo siguiente:

- Señores, no se extrañen Uds. de la familiaridad con que me trata nuestro antiguo cura: así me trataba cuando niño, pues para Su Reverencia en vano pasan los años; pero se lo agradezco porque me recuerda al vivo aquellos días, cuando S.R. visitaba frecuentemente nuestra casa y honraba la mesa de mi padre.

El dominico miró furtivamente al franciscano que se había puesto tembloroso. Ibarra continuó, levantándose:

- Uds. me permitirán que me retire, porque acabo de llegar y teniendo que partir mañana mismo, me quedan muchos negocios por evacuar. Lo principal de la cena ha terminado y yo tomo poco vino y apenas pruebo licores. ¡Señores, todo sea por España y Filipinas!.

Y apuró una copita que hasta entonces no había tocado. El viejo teniente le imitó pero sin decir palabra.

- ¡No se vaya Ud.! –le decía Capitán Tiago en voz baja-. Ya llegará María Clara: ha ido a sacarla Isabel. Vendrá el nuevo cura de su pueblo, que es un santo.

- ¡Vendré mañana antes de partir!. Hoy tengo que hacer una importantísima visita.

Y partió. Entretanto el franciscano se desahogaba.

- ¿Ud. lo ha visto? –decía el joven rubio gesticulando con el cuchillo de postres-. ¡Eso es por orgullo!. ¡No pueden tolerar que el cura los reprenda!. ¡Ya se creen personas decentes!. Es la consecuencia de enviar los jóvenes a Europa. El gobierno debía prohibirlo.

- Y ¿el teniente? –decía Dª. Victorina haciéndole coro al franciscano-; toda la noche no ha desarrugado el entrecejo; ha hecho bien en dejarnos. ¡Tan viejo y aún es teniente!.

La señora no podía olvidar la alusión a sus rizos y el pisoteado encañonado de sus enaguas.

Aquella noche escribía el joven rubio entre otras cosas el capítulo siguiente de sus Estudios Coloniales: “De cómo un cuello y un ala de pollo en el plato de la tinola de un fraile pueden turbar la alegría de un festín”. Y entre sus observaciones había éstas: “En Filipinas la persona más inútil en una cena o fiesta es la que la da: al dueño de la casa pueden empezar por echarle a la calle y todo seguirá tranquilamente”. “En el estado actual de las cosas, casi es hacerles un bien el no dejar a los filipinos salir de su país, ni enseñarles a leer...”.

[] Tagalog por niño, muchacho. El sustantivo en tagalog no tiene género (tampoco número), el género se denota por los adjetivos 'macho' o 'hembra'. En este sentido, es más fácil en tagalog hablar de manera 'políticamente correcta' sin tener que determinar género...

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pinakagát